Opinión
Otra dimensión del lujo
Define el Diccionario de la Lengua Española el lujo como la abundancia de cosas, medios o comodidades, aquello que tiene categoría de excelencia o exquisitez y que supera los medios normales de alguien para conseguirlo. Esa es seguro la razón por la que el lujo está asociado a lo excesivamente costoso, a productos, servicios y experiencias que no podemos adquirir la mayoría de las personas que tantas veces hemos visto representadas, tan lejanas a nuestra realidad.
Pero ¿ y si el lujo tuviera otra dimensión? Si lo caro, inasequible a la economía de la mayoría de los mortales fuera solo consumo y gasto , demostración un tanto hortera de todo lo que puedes adquirir y que pone por delante las cosas a las personas y como se sienten. Hace unas semanas alguien me dijo que el nuevo lujo es el bienestar, definido como atender a la salud física y mental, a la calidad de vida, las experiencias placenteras y acordes con los valores que defiendes, la tranquilidad, la vuelta a lo propio, el compartir en el entorno más próximo y agradable.
Si ese lujo actual es el bienestar, el siguiente paso es descubrir donde y como conseguirlo. Para mi la respuesta es clara, estar bien se concentra en las pequeñas cosas de cada día, en las relaciones de afecto y en la seguridad de tener unas condiciones dignas de vida que no peligren.
La clave, estoy segura, que está en distinguir entre el precio y el valor, entre lo que cuestan los productos, servicios y experiencias que adquirimos y el valor que tienen para nosotros, para el conjunto de momentos pequeños y grandes de cada día. Existe la posibilidad de un precio asumible y un valor que sea un auténtico lujo. Yo he encontrado el lujo en la librería donde saben qué libro me gusta para las tardes de invierno y cuál para las mañanas de playa en verano; en las tiendas de moda, donde no tengo que buscar talla ni perderme entre perchas: solo tengo que explicar que la quiero para ir a trabajar, de paseo o de fiesta, y escuchar la frase "entra en el probador y te voy proponiendo" es un lujo muy cercano. En la juguetería, donde te explican la diferencia de regalos según el método educativo y por qué un puzzle será siempre mejor que una pantalla; en la frutería, donde no hay cerezas en invierno pero sí tomates de la huerta de su vecina; y en la peluquería, donde el café —siempre solo y sin azúcar— te calienta las mañanas de frío y tinte.
Es un lujo que no es caro, su precio, su coste es lo que compras, mucho menor que su valor, el inmenso valor del trato afectivo, de la atención profesional y cálida, de la convivencia y la conversación y de la satisfacción de invertir en tu ciudad comprando y experimentando el autentico lujo, el bienestar de las acciones felices y con sentido.
Que los Reyes Magos, les sean favorables mañana.
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