Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Mi Príncipe

Ustedes saben que yo, en estas fechas, siempre hablaba de los Reyes, del príncipe Aliatar, etcétera. Pero hoy voy a referirme a otro príncipe: el de Delcy Rodríguez, esa que voló cual hada, ya puestos en la magia, para no pisar suelo español. El príncipe, digo, de la susodicha, era nuestro querido Zapatero, que a estas alturas igual ya está preparando las maletas. Así se despedía de él la vicepresidenta. Y es que Delcy es la mano que mece la cuna: una mano con Putin y la otra con su príncipe, nuestro Zapatero. Y es que, por fin, ha pasado. No me gusta el presidente de Estados Unidos, nada en absoluto, pero hoy tengo que aplaudir su intento de liberación de una Venezuela oprimida, torturada, reprimida y secuestrada por una banda de mafiosos, con claras vinculaciones con el narcotráfico y una excelente sintonía con el gobierno español. Un país cuyo expresidente, Zapatero, quizá tenga que explicar muchas cosas en el futuro. Una Venezuela de la que han emigrado más de siete millones de personas en los últimos diez años. Y es que la dictadura empieza por destruir el Estado de derecho… ¿les suena?

Empezó con Chávez, el del pajarito, con la aniquilación de la separación de poderes, con una reforma del Tribunal Supremo que convirtió a la justicia en un apéndice del gobierno. Nosotros no somos ajenos a esto. Aquí se ha condenado al fiscal general, una auténtica marioneta en manos del jefe supremo. En Venezuela todo llegó a su máximo cuando el Tribunal Supremo confirmó que la elección de julio del 24 había sido limpia. Tras eso, vinieron cientos de detenciones, desapariciones y torturas de todos aquellos que conforman la oposición venezolana, confirmando definitivamente que no existía un Estado de derecho. Y hoy, cuando Maduro ha sido detenido por orden de un juez federal, a través de la DEA, por su conocida vinculación con el narcotráfico, algo de lo que ya estaba más que acusado, ya han salido las opiniones de Podemos exigiendo su libertad. ¿Lo harían también si alguien tuviera por fin el valor de detener a Putin, ese que masacra a un pueblo europeo por el que nadie se manifiesta ni se siente vulnerable?

Parece que, dependiendo de si la dictadura es de izquierdas, es menos dictadura. Ahí está Irán, amigo y cómplice de Maduro: un país que no respeta los derechos humanos y al que nadie parece tener el valor de enfrentarse. Pero va de príncipes. Y quiero olvidarme de Zapatero, de Maduro y de la vicepresidenta Delcy. Quiero centrarme en mi príncipe Aliatar, en mi Arturín, y en su rey mago Gaspar (Miguelín), que son la verdadera realeza. La mía y la de mis nietos. Ellos sí merecen sus títulos.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents