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Opinión | Comentarios al paso

Muerte(s) de cine (I)

La muerte de Mufasa, aplastado por la estampida de una manada de ñus, dibujada en "El Rey León", sigue atribulando a millones de espectadores. La pareja de forajidos, Bonnie y Clyde, cae bajo una lluvia de balas en un final tan sangriento como refinado, que cambió la manera de representar la violencia en el cine. La brutal emboscada, perteneciente a la saga de "El Padrino", que sufrió Sonny Corleone en aquella cabina de peaje, acribillado a balazos, mostró la violencia cruda de la mafia y dejó una de las escenas más recordadas del cine de gánsteres. El sacrificio de Jack en las aguas heladas del Atlántico, dejando a Rose sobre la tabla, se convirtió, gracias a "Titanic", en uno de los momentos más controvertidos del cine moderno. La escena de la ducha en "Psicosis" probablemente sea la muerte más famosa de la historia del cine. La(s) muerte(s) cinematográfica(s) propende(n) a lo epopéyico. A propósito de asunto tan intrincado, Juan Cueto Alas, nuestro más preclaro erudito, escribió: "Lo único que esta celebración mortuoria me trae es la idea de la función central de la muerte en el discurso del espectáculo. Una idea, por cierto, nada original y que para ser precisos se remonta a los inicios de la cosa espectacular. El primer héroe del teatro es Prometeo y la dramaturgia occidental se estrena con la puesta en escena del suicidio. No hay espectáculo sin crueldad, recordaba Artaud, y en el caso del mundo cinematográfico actual no queda más remedio que admitir que solo la muerte sacrificial de los dioses nos devuelve por unos instantes los esplendores del star-system perdido. Eso explica el éxito periodístico y cultural que tiene el género necrológico cuando surge el suicidio, el accidente, el atentado, el cáncer o el infarto…".

Este pendolista no presume de cinéfilo, aunque ahora cultiva la manía de anotar en otra pantalla, la del ordenador, los títulos de las películas que le emocionan o sorprenden, de los que va colgando escritos extrañamente vinculados hasta componer con la mayoría de ellos un depósito de textos funéreos, una morgue fílmica de tintes líricos portadores de cierta crudeza, aunque incapaces de alcanzar la crueldad dramática, en el sentido de conmovedora, que reclamaba Antonin Artaud.

Hasta el cielo. A más tardar, te irás de la vida sin haberte jalado una rosca, sin haber cometido un crimen o un pecado mortal. A más tardar, te irás con un saco de mimos y un tráiler de pesadillas. A más tardar, te irás, la cellisca borrará tu rastro físico y virtual, la parentela sucesoria desaparecerá poco a poco de cualquier faz o reverso. A más tardar, te irás de la vida, dejarás de ser polvo y serás olvido. A más tardar.

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