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Final bajo el agua

Tuvimos unas Navidades gélidas con bajas temperaturas que no se recordaban desde hace décadas, y a despecho de cambios climáticos y calentamientos globales. Pero es lo que toca, y el termómetro no ha impedido que la campaña navideña local haya sido todo un éxito. La iluminación ha recibido parabienes generalizados y congregado multitudes en las calles. El cuidado nacimiento del Antiguo Instituto batió récord de visitas. Y la campaña comercial parece que también ha sido de las mejores de los últimos años

Pero sí ha habido un borrón que ha empañado la recta final de las fiestas. El 5 de enero amaneció frío pero despejado, lo que garantizó un concurridísimo recibimiento a los Magos de Oriente, en el marco incomparable del muelle local, y su posterior recorrido matutino por las calles de Gijón, ¿es necesario tanto aturdimiento sonoro de sirenas?, para saludar a los viandantes de camino a diversas instituciones locales. El problema vino a la tarde. Las previsiones meteorológicas eran claras y acertaron de pleno. Se esperaban lluvias justo en las horas previstas para la celebración de las principales cabalgatas de la región. Otros municipios estuvieron atentos y fueron previsores, adelantando horarios o suprimiendo celebraciones.

Pero en Gijón anduvimos escasos de cintura y cortos de reflejos, sin tomar medida alguna para afrontar la que se avecinaba. El resultado fue una Cabalgata que discurrió, en buena parte y sobre todo al llegar a las calles principales de la villa, bajo un fuerte aguacero que deslució por completo el cortejo. Obligándolo a acelerar, y perdiendo todo su acompañamiento musical, ante la "tocata y fuga" emprendida por las bandas de música para evitar daños en sus instrumentos. Sólo resistieron una discreta banda de gaitas, y la insufrible y machacona batucada de todos los años, vuelta al aturdimiento sonoro, que uno, personalmente, eliminaría de un desfile regio en el que le ve difícil encaje. Mejor ni pensar en los resfriados que habrán agarrado algunos de los sufridos y fieles figurantes del desfile.

La cabalgata local tiene, y lo he dicho en ocasiones anteriores, unos condicionantes y diseño que en algunos casos no le benefician. Sí loable es el empeño por tratar de llevar el desfile a la periferia de la ciudad, es un arma de doble filo. Primero porque muchas veces recorridos tan largos hacen que cuando el cortejo llega al centro, donde se concentra la mayor atención y número de espectadores, lo haga deslavazado y con un cansancio evidente en sus componentes.

Pero es que en circunstancias adversas como la de este año un recorrido así se convierte en una auténtica ratonera.

Los responsables municipales de festejos deben estudiar alternativas para estos casos, que sólo pueden ir en dos direcciones: cambios de horarios y recorridos alternativos y más cortos cuando haya amenaza de lluvia.

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