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Habitación 302

Daría para el título de una novela "La habitación 302". Aprendimos a caminar en los pasillos y patio de la Universidad Laboral de Gijón, a gatas, coincidiendo con los primeros contingentes de alumnos que asistían a clases mientras las obras se remataban. La memoria nos retrotrae a una montaña de escombros a la entrada del patio corintio. A la vez, dormitorios corridos donde las madres, de rodillas, fregaban los suelos enjabonando al compás de bayetas, ellas vestidas de azul con su gorrita, caldero en ristre.

Cinco décadas de aquellos recuerdos de infancia recrean la yincana que hacían los alumnos en el patio central la festividad de San José, su patrón. La yincana-mudanza era de operarios y grúas desmontando toda simbología que llevase yugo y flechas, salvo las esculpidas en piedra que no es tan fácil borrar la historia ni el contexto. "La habitación 302" viene a ser como la primera película de Hitchcock. "Number 13", que no se llegó a estrenar, una intriga que siempre acompaña al director guionista.

Corría el 2008, abril, cuando alguien se apuntó a transformar en hotel de cinco estrellas aquellos dormitorios donde presenciamos la genuflexión que enfermó a nuestras progenitoras al fregar, ahí el entonces presidente del Principado y Alcaldesa socialistas colocaron, junto al empresario Antonio Catalán de AC, una sobrepuesta primera piedra. Gijón lleva desde entonces apostando por su hotel de cinco estrellas, incluso anunciaron otro intento (fallido) en Poniente, diseño de Alejandro Zaera, a tiro piedra del que hoy barruntan para la antigua sede de la Autoridad Portuaria, otra piedra tropiezo.

Con la foto de la habitación "302" los medios recogían la visita anunciada al alto la lleva por las autoridades de entonces, un prototipo de habitación que la cadena AC habilitó amueblada y lista para visitar, mientras gastaron en obras tres millones de euros de los 13,8 millones presupuestados para el fantasmagórico hotel.

Emulando a Alfred Hitchcock, esta novela "La habitación 302" narraría una serie de tropiezos estatales, autonómicos y locales como el metrotrén de Gijón. Para ese tubo excavado del que nadie da cuenta, la trama incluye algún presunto ilícito penal muy de "Semana Negra" por la que nos conocen en medio mundo. Los vagones del metro tren fantasma salen a flote, como los barcos en "Piratas del Caribe", como vagones que no entran por túneles de cercanías en Asturias. Ni el tren de la bruja da tanto escobazo.

Por muchas aventuras de Mortadelo y Filemón y "Campamento Flipy" filmadas en la Universidad Laboral podemos afirmar que no hay fantasmas ni en el teatro, donde sería más propio de la ópera de Leroux.

Coincidimos con María Jesús Montero sobre el rescate de la SEPI del año 2021, decía: "Déjense de fantasmas, señorías, que los fantasmas no existen". Será verdad, pero en los inacabados hoteles de cinco estrellas para Gijón arrastran cadenas con la misma infrecuencia que los vagones del metrotrén, tan necesarios para trasladarnos del centro a Cabueñes, de paso a La Laboral. Con tanta intriga, es justo que seamos capital europea de la "Semana Negra".

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