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Opinión | Comentarios al paso

Muerte(s) de cine (II)

La manía de anotar títulos de películas de interés

Decía Juan Cueto -de nuevo recurro a nuestro más sabio polígrafo-: "La muerte no es una anomalía en el mundo del espectáculo. Como en la Edad Media, forma parte del folklore de las masas y se vive a modo de teatro colectivo, por exigencias del guion". Confesé en el anterior comentario la manía de anotar títulos de películas de cierto interés e ir colgando de ellos textos presuntamente vinculados. Y bien que les advertí de que dicha extravagancia podría prolongarse hasta componer una morgue cinematográfica de tintes líricos. Comparto con ustedes algunas muestras.

"El hombre que mató a Liberty Valance"

Morir es muy sencillo. No hace falta desenterrar el hacha de una guerra o afilar una faca o enchufar una silla eléctrica o tender una horca o edificar una guillotina o desenvainar un revólver. Si cierras el periódico y te paras a pensar un poco, descubrirás por el retrovisor una pila de cadáveres en tu horizonte trasero, justo debajo de la base del cráneo. Un frenólogo avezado, sin necesidad de palparte, diagnosticaría que tu nuca alberga un camposanto de seres familiares. Matar es más complicado: exige planificación meticulosa, esfuerzos denodados, sangres frías, sentencias condenatorias. A mí cuéntame ya entre tus muertos, colócame ya en esa hornacina de tu anatomía como si fuera un Liberty Valance del montón.

" El maestro que prometió el mar"

Al abuelo materno José lo fusilaron en el penal de Burgos en el año 39 del siglo pasado. Sus cinco hijos, ya todos fenecidos, taponaron el crimen. Con miedo. O con vergüenza. O con ignorancia. Sus doce nietos prefirieron vivir de espaldas al crimen. Y así prosiguen cuando transitan los trechos últimos de sus respectivas trochas vitales. La abuela materna Esperanza huyó del pueblo al poco del crimen con la prole a cuestas. Sencillamente huyó de la vecindad victoriosa. Nunca quiso mentar al fusilado, ni revisar el paredón, ni recontar los nombres del pelotón de fusilamiento, ni rebuscar en la fosa común los restos del marido. O por falta de tiempo. O de ganas. O por carencia de una gota de rabia.

"800 balas"

10.000 ayer, 15.000 mañana, 20.000… de una tacada y mina y ráfaga y bomba y misil y escombro, niños muertos. Charcos de olvidos cuelgan en portadas de periódicos y otros escaparates de la banalidad. Cunde el vacío letal, silencio rotundo, en suma. 10.000, 15.000, 20.000… vientres de hembras escuálidas paren ratas raquíticas en Gaza. Melodrama aquí, vodevil de pólvora. Tragedia acullá. n

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