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Opinión | Crónicas de barrio

El refugio de papel

La Casa del Libro a las once de la mañana es un país sin himno donde la gente entra a vivir un rato mejor. No hace mucho frío en la calle, es un frío llevadero, de ciudad que perdona, y ese clima amable se prolonga dentro, como si el termostato lo manejara la literatura.

Estoy en el piso superior de la librería. Veinte personas hojean libros con esa concentración distraída del lector urbano. Historia, religión, autoayuda: el triángulo sagrado de nuestro tiempo. Queremos saber de dónde venimos, a quién rezar y cómo arreglarnos por dentro sin molestar demasiado.

Veo una madre con un niño en carro, empujando futuro entre estanterías. Veo a Ana, la dependienta, con gafas, vaqueros y botas, eficaz y tranquila, como una coma bien puesta. Paloma, la compañera, es pura atención: escucha con los ojos. Fernando, el jefe, vigila con la serenidad de quien sabe que los libros tienen paciencia. Incluso los perros pasean entre los libros, callados, casi como buenos lectores.

Oigo el crujido amable de las bolsas, que es el aplauso del consumo culto. Oigo a un niño de diez años pedir consejo, a alguien escribir la carta a los Reyes. A otro niño, reclamar chocolate con churros como quien exige justicia social. Un padre anuncia que va a tomar un café y su niño pequeño, con gesto le da permiso. Una abuela cuenta su historia.

—Hola.

—Un libro sobre Troya, o de mitología.

—¿De fútbol?

—¿Tarjeta o efectivo?

—Es para regalo, dice otra abuela, y ahí va envuelto medio siglo de cariño.

Siento la temperatura agradable dentro de la librería. Para mí esta librería es una goma de borrar: borra el ruido. En la cola de cobrar, un chico joven me confiesa que le gusta la filosofía, como quien aún confía.

Fuera, la vida sigue: gente paseando, cafés, y el comentario inevitable sobre el lío de Villamanín, las papeletas de más. España siempre se cuela entre los libros.

La Casa del Libro no es una tienda: es una plaza interior donde la ciudad piensa en voz baja y uno sale pedaleando un poco más despacio.

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