Opinión
José Vicente Álvarez Gutiérrez
"Donvi", un cura inefable
Hace poco más de un mes, me llamó "Donvi", con el que he mantenido siempre, desde el año 1975, donde le sustituí como párroco en Santo Tomás de Sabugo de Avilés, para decirme que dejaba las parroquias de Gijón y que se iba a vivir a la Casa Sacerdotal de Oviedo. Sorprendido y extrañado por lo precipitado de la decisión, me informó, con voz entrecortada, que se encontraba mal, cansado, que tenía que hacer unas pruebas en el Centro Médico de Oviedo por disfunciones en el intestino…. Acabó suplicándome: ¡Javier, cuando escribas de mí, déjame bien!
No intuí la gravedad, ya que el tendía siempre a la exageración. Ahora triste, tengo que hacerlo: "Donvi", cómo no voy a hablar bien de ti, si eras la salsa en nuestra conversaciones y reuniones, la antena que nos comunicabas todos los aconteceres institucionales y personales diocesanos, si eras la improvisación y disponibilidad pastoral, si tu imaginación estaba siempre atiborrada de ocurrencias, si aparecías cuando menos se esperaba circulando con casco y bicicleta, si eras de esos que las veían venir y ya estabas participando en su organización y comienzos… Nos dejas atristayados y tu hueco en el arciprestazgo no será fácil de llenar con intervenciones unas veces atinadas y otras disparatadas, llenas de chispa y socarronería, pero siempre con alguna finalidad e intención. Sé que te quedaste con el deseo de ser arcipreste, ¡casi convences a D. Jesús!, pero llegaste a "teniente-arcipreste". "Yo también quiero mandar", me decías. Las veces que te tocó dirigir la reunión, la llevaste con disciplina y rigor, la que era difícil imponerte a ti.
La vida abigarrada de "Donvi", esos 81 años, supera con mucho esta necrológica. Daría para una biografía entretenida y simpática, por lo variada de lugares por los que anduvo, las personas con las que trató, incluidos cardenales en Roma: Ratzinger, Fisichella, Tagle,… (me enviaba vídeos visitando o concelebrando con ellos), ciudad que visitaba el mes de septiembre todos los años y las múltiples iniciativas que puso en marcha. No valía para estar calmado, ni callado. Solo la breve y fulminante enfermedad lo sentó y lo calló.
Nació en El Condado aunque se crío en Pola de Laviana, donde hubo un mítico sacerdote, D. Joaquín Iglesias, que en los años de la posguerra, animaba y mandaba a todos los niños a diversas instituciones religiosas: "Si no salen curas, por lo menos se forman", decía en aquellos años de carestía y familias numerosas. José Vicente, hijo único, fue al Seminario de Covadonga y luego a Oviedo. El mismo reconocía que era un crío chisgarabís, en aquel estamento tan disciplinado, donde faltar al silencio era falta grave. Unido a ser perezoso en el estudio, hizo que D. Celestino, a quien apodaban "Agamenón", le sugiera que aquel no era su sitio. Cosas de la vida, luego le sustituyó como párroco de Granda.
Pero Dios escribe derecho con líneas torcidas. Por razones familiares, va a Buenos Aires con el gusanillo de la vocación en el alma. En una de las parroquias de los religiosos "Oblatos de la Virgen María" encauzó su anhelo y deseo de ser sacerdote. Estudio filosofía precisamente en el colegio S. Miguel de los jesuitas, en el que fue rector el papa Francisco y a quien se lo dijo en una recepción de curas romanos, donde se coló ocupando la primera fila. Le enviaron a Roma para culminar la teología y recibir allí la ordenación el 22 de diciembre de 1968. Con esta congregación estuvo unos años en una parroquia de Tivoli, preciosa ciudad llena de palacios imperiales y cardenalicios, a 35 kilómetros de Roma.
Hijo único, su madre suspiraba por él. Se propuso volver a Asturias. Tuvo que pasar primero por Huelva donde regentó una parroquia en la serranía. Por fin en 1973 llega a su tierra recibiendo el nombramiento de coadjutor de Santo Tomas de Sabugo en Avilés. Allí empezó su peregrinaje pastoral durante 53 años en diversos plazos de tiempo: Casomera en el alto Nalón, S. Julián de los Prados y Guillén la Fuerza en Oviedo. El Coto, Viesques, Somió, Granda, Roces, Lavandera y Caldones en Gijón. Como nunca dijo que no a nada, asumió también la capellanía de las Agustinas, la capilla de la Providencia, y del Hospital Begoña y ayudó durante 21 años a la párrocos de San Lorenzo donde tenía su residencia. Quería ser urbanita, donde está vida, decía con gracia
A Donvi le gustaba participar de todo y así estuvo también en el Movimiento de Comunión y Liberación, de tanto esplendor en los tiempos S. Juan Pablo y Benedicto. Cualidades no le faltaban, aunque muchas veces por su carácter extrovertido y primario no alcanzaron la finalidad que pretendía. Tuvo un programa de Radio: "Kairos" , de cultura y música, los martes en radio Enol, publicó una hoja parroquial estupenda: "Piedras vivas" muy adaptada a sus parroquias rurales, organizaba debates y encuentros de lo más dispares y hasta reunió durante un tiempo a sacerdotes en su casa de Granda, a la que llamó "La cosa nostra", para hablar de lo divino y de lo humano. He escrito muchas cosas, Donvi. No sé si todo lo que esperabas. Pero, nos dejas un grato recuerdo. No será fácil que pases a las páginas del olvido. Tus anécdotas provocarán tu recuerdo afable y cariñoso. Sin duda que ya estarás armando alguna en el cielo y visitando a los santos más importantes. Ruega por nosotros. Un abrazo.
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