Opinión
Vivir en tiempos de Franco
El "emblema" era un cartón de colorines que había que pagar para asistir a un espectáculo además de la entrada. Era un impuesto para financiar el Auxilio social de Falange, para "matar el hambre" de los desfavorecidos y enriquecer a sus dirigentes. También era un impuesto el que mi güela pagaba en el fielato de La Guía cuando bajaba a vender a la plaza; había un fielato en cada entrada a Gijón. El Impuesto de Tráfico de Empresas (ITE), gravaba las transacciones comerciales, era acumulativo, no se compensaba y se liquidaba cada año verticalmente; en Madrid decidían cuanto querían recaudar y lo repartían por provincias. Una junta provincial formada por las principales empresas decidía el reparto entre todas; sin tener en cuenta lo recaudado, aplicaba el principio de quien parte y reparte. En las nóminas se deducía una cantidad mensual además de las cuotas de Seguridad social y mutualidades. No había IRPF que ajustara lo deducido a las circunstancias personales, lo pagado, pagado estaba. Se pagaba "la contribución", que era el actual IBI, Actividades económicas, Derechos reales, plusvalías, tasas, impuestos municipales y otros muchos conceptos, se cotizaba a la Seguridad Social y Autónomos. No es cierto que con Franco no había impuestos, lo que no había era control ni reparto justo.
La falta de trabajo decente la confirman los millones de españoles que emigraron y contribuyeron con sus remesas de divisas al progreso que cacareaban los prebostes. Los pantanos, Seguridad Social y vacaciones pagadas, ya escribí que no fueron inventos de Franco.
"Por mí, y con mi autorización marital" era una fórmula usada hasta mediados de los 70; se anteponía a la firma del marido para autorizar a su mujer a tener una cuenta, pedir un préstamo, abrir un negocio o sacar el pasaporte. A las solteras tenía que autorizarlas el padre o en su defecto, el hermano mayor.
Hoy, engañados por las redes y medios de la derecha, muchos jóvenes, ignorantes e ingenuos, creen que con Franco vivirían mejor. Dirigida y amparada por los poderes fácticos, la derecha se limita a crear bulos, a base de repetirlos, los convence de que vivimos en una dictadura. Extraña dictadura la que les permite decir lo que dicen. En tiempos de Franco, por mucho menos, te daban hostias hasta en el carné de identidad y te encarcelaban; eso en el mejor de los casos, porque hasta agonizando firmó penas de muerte. Franco murió con miles de ejecutados a sus espaldas, además de los muertos de la guerra. Muchos siguen en las cunetas.
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