Opinión
Levedad de un instante
Nada hacía presagiar que aquella mañana fuese a quebrarse una tranquilidad que se intuía eterna. Todo parecía estar en su sitio. El orden no se cuestionaba, la rutina no ofrecía fisuras y la comodidad se asumía como un derecho adquirido. La estabilidad, esa ficción tan necesaria, parecía blindada frente a cualquier amenaza. Era uno más de esos días que pasan sin dejar huella, idénticos entre sí, intercambiables. Apenas unas horas después de verse acariciado por Lorenzo, un descuido mínimo, casi imperceptible, alteró por completo ese equilibrio. Un gesto sin intención, una negligencia sin testigos, bastaron para que todo cambiara. El azar hizo el resto. El viento se levantó y, con él, la certeza de que nada está tan sujeto como creemos.
Un soplido bastó para arrancarlo de su lugar y lanzarlo al centro de la calle. Allí quedó, desplazado, fuera de contexto, expuesto. La gente pasaba esquivándolo con naturalidad, sin detener el paso, sin preguntarse por su origen ni por su destino. Apenas una mirada fugaz, ningún gesto de atención. Un movimiento sutil, silencioso, desprovisto de preocupación. Una coreografía cotidiana que revela mucho más de lo que aparenta: la facilidad con la que normalizamos la desgracia ajena cuando no nos interpela de forma directa.
La escena terminó de componerse en medio de la calzada, abierto a la mirada de quienes transitaban impertérritos, atrapados en la urgencia de sus propias vidas. Nadie se detenía. Nadie intervenía. El objeto estorbaba, pero no lo suficiente como para merecer una pausa. Ayer, un vídeo captó ese instante. Un contenedor, empujado por el viento, recorriendo la calle hasta situarse en medio de la carretera de la costa. La imagen tenía algo de bucólico, incluso de poético. Un plano breve, aparentemente banal. Sin embargo, en esos pocos segundos se condensaba algo más profundo. Una metáfora involuntaria, protagonizada por nuestro mobiliario urbano, que evidenciaba nuestra inmovilidad social.
Y lo más inquietante no era el contenedor a la deriva, sino el acuerdo tácito que parecía sostener la escena: "no es asunto mío". Esa frase muda, repetida a diario, es una frontera. Al otro lado quedan quienes tropiezan, quienes caen, quienes se quedan sin aire. A este lado, los que aún caminamos con prisa.
Todos los días, una sinfonía silenciosa sacude la vida de quienes creen tenerla resuelta. La estabilidad se resquebraja sin previo aviso. Un despido, una enfermedad, una ruptura, un error administrativo, una mala decisión. De pronto, alguien es empujado a los márgenes, a la invisibilidad, a la vulnerabilidad, a la exclusión.
Mientras tanto, quienes seguimos nuestro camino aprendemos a esquivar obstáculos sin detenernos a mirar. Continuamos avanzando, convencidos de que el viento siempre sopla en contra de otros. Embobados en una brisa que creemos sopla a nuestro favor… seremos ilusos.
Suscríbete para seguir leyendo
- Denuncian por amenazas a un gijonés con antecedentes por tentativa de asesinato que pidió una pistola a Vito Quiles
- Una asociación de consumidores reclama la retirada del surtidor de combustible de una gasolinera de Gijón
- Un argelino que llevaba apenas 40 días en España y un menor marroquí propinan una paliza a un gijonés para robarle
- Horario, recorrido, participantes... el gran desfile de Carnaval de Gijón mira al cielo ante la amenaza de lluvia
- Un joven herido en el cuello y su padre detenido tras un grave altercado en la entrada de un bar del barrio gijonés de Cimavilla
- El carnaval de Gijón ya tiene a sus ganadores y corona a 'Xaréu n'el ñeru' como mejor charanga: 'Es una emoción increíble
- Un gijonés con un detector de metales localiza un proyectil de la Guerra Civil en plena playa de San Lorenzo
- Hablan las víctimas del asalto de tres encapuchados en una tienda de Gijón: 'Te sientes indefensa, paralizada
