Opinión
Manuel Bayona
Un ejemplo de cómo servir desde lo público
Desde el sur y con un día soleado en Málaga, esta tarde he visto llegar a mi terraza la paloma que lleva tiempo queriendo anidar bajo mi buganvilla. Parecía que la borrasca Kristin, que nos deja muertes, temporal y caos, por fin nos dejaba tranquilos, pero como decía Alberti, se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte fue al sur, y así me ha llegado la noticia, la más triste de las noticias de final de un aciago enero de 2026, con un mensaje que derrama dolor en cada una de sus letras y que me comunica un titular de LA NUEVA ESPAÑA: "Fallece Victoria García Villar, histórica directora de la Residencia Mixta de Gijón".
Toya, como la conocíamos los compañeros y amigos, era la directora de la Residencia Mixta de Gijón, la más grande de Asturias. Tenía solo 64 años, y como un efecto más de la borrasca Kristin, se ha ido repentinamente. Era una gran profesional, pero, sobre todo, una gran persona, que hizo un trabajo encomiable en la Residencia Mixta de personas mayores, en el peor momento que ha vivido la sociedad actual, la pandemia por covid-19. El trabajo coordinado de Salud y Servicios Sociales en Asturias hizo que "Todas cuidáramos de todas", lema que abanderó la lucha contra el Covid, para salvar vidas.
Durante los momentos más duros de la pandemia, cuando el miedo, la incertidumbre y la soledad se colaron en nuestras vidas, hizo una gran tarea con rigor profesional, pero también con humanidad, cercanía y una capacidad de trabajo incansable. Supo trabajar en equipo con los sanitarios que Salud puso a su disposición, totalmente implicados en ayudar en las Residencias, escuchar, acompañar a las familias y, sobre todo, dignificar el cuidado de nuestros mayores en una de las etapas más oscuras que hemos vivido como sociedad.
Su trabajo junto a la absoluta implicación de los profesionales del Área V en las Residencias, permitió que cualquier persona no careciera de la atención ni los cuidados que necesitara, haciendo que las plantas y habitaciones de la Residencia Mixta se convirtieran en espacios de salud, como si las de un hospital se tratara.
Hoy, dejando este fatídico enero de 2026, también nos deja Toya, y me gustaría despedirla con gratitud y con respeto. Reconociendo públicamente su trabajo porque es también un acto de justicia y de memoria, porque su ejemplo debería permanecer como referencia de cómo se sirve desde lo público y desde lo humano.
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