Opinión | Palabras con silencios
¿Tiene sentido el homenaje?
Las personas de bien están conmovidas por las palabras pronunciadas con lirismo y fortaleza de fe por Liliana, la hija de una de las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario en Adamuz, al finalizar la celebración del funeral: "Este es el único funeral que cabía en esta despedida, pues la única presidencia que queremos es la de nuestro Dios…". El gobierno se apresuró a anunciar "un homenaje laico" que pronto tuvo que retrasar-cancelar ante la negativa de la mayor parte de las familias afectadas. No se entiende muy bien cómo se puede ofrecer un homenaje a los fallecidos en un desastre donde ellos desgraciadamente, por fallos técnicos que exigen esclarecerse, no por un acto heroico, perdieron la vida. A veces, la libertad religiosa puede llevarse a tales extremos que divida y enfrente a las personas, ahora la España laica y la España cristiana. Es verdad que estamos en un estado aconfesional, pero en la misma Constitución de habla de colaboración. A los muertos hay que despedirlos como ellos y sus familiares desean y no como los gobiernos quieran imponer. En este caso se ha hecho viral lo que ha escrito F. Savater: "Los rituales religiosos para acompañar a los muertos gustan más a unos que a otros, pero las improvisaciones laicas que quieren sustituirlo tienen la rara virtud de no convencer a nadie". La muerte, y más la muerte súbita en un trágico accidente, inevitablemente nos asoma al abismo de la creencia y la trascendencia o de la desesperación y de la nada. La esperanza ante el misterio del amor y de la vida es el último reducto al que abatidos podemos claudicar. Aunque la fe en la resurrección es deficitaria incluso en los mismos cristianos, la muerte de los seres queridos, enciende luces, luces tenues, pero luces, resistiéndonos a aceptar que la tumba sea el final de su vida. Tengo como prueba del algodón, no como argumentos, primero cuando salen a decir unas palabras en los funerales y se dirigen al difunto como vivo, aunque digan "allí donde estés…", olvidando la promesa de Jesús: "allí donde estoy estaréis siempre conmigo". Las exequias, según las esquelas con la cruz, siguen siendo mayoritarias; y podemos sumar lo popular que se ha hecho el canto "la muerte no es el final del camino". Para los creyentes, el verdadero argumento y razón de la fe en la resurrección es la muerte y resurrección de Jesucristo, piedra angular que ha sostenido el cristianismo a los largo de los siglos. Y como la fe es razonable, podemos añadir que responde al imperativo existencial y pujante deseo en toda persona de vivir y vivir feliz y siempre. Hasta los mismos pensadores materialistas reclaman que tiene que haber justicia para todos y al muerto injustamente no se le hará justicia si no es posible la victoria sobre la muerte.
Sigo pensando que el pueblo español lleva la religiosidad en su ADN y aflora con esperanza en momentos cruciales y límites. Conviene respetarla por encima de ideologías y manías de gobernantes, por lo que se ve en sus comportamientos, lejanos al sentir de pueblo. El partido no es el pueblo.
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