Opinión | Caloninos en el Cantábrico
Espacio para todos
La Semana Negra encara una nueva ubicación
A falta de que las cuentas cuadren, que no es asunto menor, parece que el regreso de la Semana Negra al entorno de la playa del Arbeyal va camino de convertirse en una realidad. De inicio, ha sentado bien tanto a los vecinos del oeste como a los libreros asturianos participantes en la cita literaria. Siempre que se cumplan unos mínimos de convivencia, claro. Controlar el ruido y la limpieza, son las reclamaciones de unos, y reforzar las líneas de Emtusa e impulsar autobuses lanzadera para facilitar la visita, son las demandas de otros. A priori no parecen cuestiones complejas de solventar para que todos estén contentos. Aunque nunca se sabe.
La propuesta municipal para instalar las carpas y las atracciones en el Arbeyal, desvelada por LA NUEVA ESPAÑA, en su edición digital esta semana, ha caído bien en líneas generales. El problema parece bien resuelto también para futuras ediciones. Y eso que para el Ayuntamiento –después de la apertura de Naval como paseo y las futuras obras en el aparcamiento de Marina Civil– no era sencillo encontrar una ubicación para un evento que, a pesar de los años y el apego ciudadano que ha logrado, siempre ha levantado los reproches de los vecinos que han tenido al lado la cita literaria. Ocurrió en los años del entorno de El Molinón y también junto al Acuario. Algunas voces ponían estos días sobre la mesa que el mejor emplazamiento pasaba por la explanada de Poniente, pero siendo sinceros, vista la triste y frustrante escena provocada por la muchedumbre cuando durante el frustrado traslado de los usuarios al Albergue Covadonga al Hogar de San José, cualquier se atrevía a sugerirlo si quiera.
Gijón siempre ha sido una ciudad abierta, integradora y activa. Pero también, por momentos, saca su lado más protestón. Todos queremos eventos, fiestas y celebraciones para disfrutar, pero nos molesta que los pongan al lado de casa. Por esa regla de tres ni habría Semana Grande ni Antroxu ni cabalgata de Reyes. Ahora mismo, por ejemplo, las catorce charangas que concursarán en el Teatro Jovellanos están rematando ya sus bailes, canciones y disfraces, pero hace apenas unos meses la celebración del certamen estaba en el aire por el retraso en la concesión de las licencias para sus ensayos porque otros años provocaban quejas y hasta denuncias por el ruido. Qué decir el programa Siente Xixón, para llevar la música a los bares y que desde Divertia intentan salvar en la vía judicial con un nuevo recurso desvelado esta semana.
Una ciudad como la capital marítima del Principado, donde abunda la folixa durante todo el año, y que se reparte de este a oeste y de norte a sur, todos sus vecinos deberían tener flexibilidad. Eso significa que aguanten abusos ni molestias en horarios intempestivos, claro que no. Pero no intentar echar por tierra el esfuerzo y el disfrute. Porque en Gijón hay espacio para todos. Caben los paseos por zonas verdes y las terrazas hosteleras, las artes circenses y teatrales que en breves volverán a deleitar a los más pequeños por las calles y plazas de la mano de Feten, las fiestas de las parroquias y barrios y los grandes conciertos, las procesiones de Semana Santa, los niños en los toros cada feria de Begoña, los paseos Gastro, la música en la calle... Gijón no puede perder su idiosincrasia y dar crédito a según que críticas, porque entonces nunca se haría nada. Ya lo decía Fernando Poblet en su "Guía indiscreta de Gijón", la biblia del gijonesismo. "Gijón parece surrealista. No digo que lo sea, aunque tampoco lo niego". Nihil obstat.
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