Opinión
El arte no es un lujo: es patrimonio
Esta semana, las galerías de arte han pasado a primer plano de la actualidad cultural. Una visibilidad poco habitual que vuelve a poner sobre la mesa un malentendido persistente: la falsa creencia de que una galería es un espacio hermético o un comercio de lujo. Nada más lejos de la realidad. Las galerías somos centros culturales de entrada libre que actúan como el primer hogar de la creación; el puente necesario entre el silencio del estudio del artista y la mirada del público. Sin embargo, hoy este ecosistema se enfrenta a un muro que llevamos décadas intentando derribar: una fiscalidad que nos sitúa en una desventaja crítica frente al resto de Europa.
Nuestra labor principal es la generación de patrimonio. El galerista apuesta recursos y prestigio en artistas que, a menudo, tardarán años en ser reconocidos. Captamos talento, visibilizamos, promocionamos y protegemos la evolución de nuestra cultura visual, muchas veces arriesgando nuestro patrimonio. El cuadro que hoy cuelga en nuestra pared es la pieza que mañana contará quiénes fuimos en los museos y centros de arte. Pero esta labor de custodia se está volviendo heroica en España.
Mientras nuestros vecinos europeos han ido adaptando sus leyes para proteger su arte, nosotros arrastramos una diferencia impositiva que, en muchos casos, supera el doble de lo que se paga en países como Francia, Italia o Alemania. Esta brecha no es solo un número en una factura; es una frontera invisible. Cuando un coleccionista o una institución decide adquirir una obra, la lógica es implacable: se irá a los mercados donde el arte es tratado como un bien cultural y no como un artículo de lujo.
Llevamos años reclamando una armonización que no llega. Al mantener esta carga fiscal desproporcionada al 21%, España está fomentando activamente la fuga de su propio talento y de su riqueza artística. No pedimos un privilegio, sino que se ponga fin a una desigualdad que lastra al sector desde hace décadas.. Queremos que se entienda que, cada vez que una obra sale de nuestro país por falta de competitividad, perdemos un pedazo de nuestra soberanía cultural. Proteger a las galerías es, en última instancia, asegurar que el arte que se crea hoy aquí se quede aquí, formando parte de la herencia que dejaremos a las próximas generaciones.
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