Opinión | Comentarios al paso
El legado de Marcelo (I)
En el mes de diciembre pasado se cumplieron 10 años de la muerte de Marcelo García (1930-2015), uno de aquellos otros niños de la guerra pertenecientes a una generación que se vio abocada a vivir en España bajo la opresión de la dictadura y con la herencia del denostado ideario republicano de sus padres como único legado. Con tal motivo, la editorial KRK reeditó "Marcelo", la biografía novelada, que no ficcionada, de una peripecia vital narrada en primera persona del singular, en boca del propio biografiado, plena de humanidad, brillantemente elaborada, 20 años atrás, con exacta precisión y emotiva calidez por Jaime Izquierdo Vallina.
Jesús Sanjurjo elige para el prólogo de esta segunda edición un título atinado, "Marcelo, eterno", que, pese a su tinte hiperbólico, casa a la perfección con la personalidad vitalista, excesiva, desmedida del protagonista. Juan Cueto dejó dicho en la presentación de la primera edición del libro en Gijón el 15 de octubre de 2004, y así se recoge en el epílogo de esta, lo más sustantivo, quizás: "…Pero hay un aspecto que me interesa destacar en todo esto: la ética de Marcelo, la formación autodidacta de Marcelo, que tenía una ética de la pureza, de la limpieza, del no egoísmo, de esa modestia revolucionaria que yo llamo, y realmente a mí esto me dice mucho del papel de Marcelo como ejemplo, como modelo, pero como modelo no de los compañeros de Asturias o de gente de Asturias, sino de todos los que trató en España"…
Si, al decir de Suso Sanjurjo, Marcelo merece la eternidad, ningún merecimiento menor le corresponde a Encarna, su compañera inseparable, a quien el mismo Marcelo describe con su picardioso sentido del humor: "echá p´alante como les navayes de perrona". De ella proviene la declaración de amor más tierna y valiente jamás proclamada. Siendo novios y residentes en Gijón, Encarna se mosquea, recelosa, por las reiteradas incomparecencias de Marcelo en los cortejos dominicales convenidos: "Oye una cosa. Que sepas que yo no me chupo el dedo y si no te digo nada no es porque no me haya dado cuenta. ¿Tú tienes otra novia en Sama o por ahí?". Marcelo se siente obligado a desvelarle sus misteriosas ausencias: que si pertenezco a una organización clandestina, que si soy socialista, que si mantengo reuniones secretas, que si esto, que si lo otro… Antes de que continuara el relato de sus andanzas, le responde cortante: "Pues si eres socialista, apúntame a mí también. Yo quiero ser clandestina contigo". Desde entonces, entre cortejo y cortejo, Encarna, dotada de un arrojo admirable, participa con Marcelo en todo tipo de reuniones y acciones de protesta.
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