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Opinión

David Cuesta García

David Cuesta García

Secretario general del Partido Popular de Gijón

Memoria Histórica: una enmienda a la totalidad

Sobre la utilización desde la izquierda de la Guerra Civil como arma política para dividir a la sociedad

La historia ni puede ni debe ser reinterpretada. La memoria ha de servir para aprender, no para enfrentar. Así lo entendieron la generación de nuestros padres y abuelos, quienes, apenas cuatro décadas después de la Guerra Civil, cuando las heridas seguían abiertas, supieron anteponer la reconciliación nacional y hacer posible la Transición.

Lamentablemente, desde hace algunos años, precisamente quienes no vivieron todo aquello parecen empeñados, una y otra vez, en enmendar aquel perdón histórico y en convertir lo que debiera ser un ejercicio de respeto, de reconocimiento y, sobre todo, de unidad en torno al sufrimiento de miles de familias españolas entonces en una herramienta más para alimentar el enfrentamiento, la discordia y el rédito político.

En este contexto, el consejero de Izquierda Unida del Gobierno del Principado, Ovidio Zapico, ha vuelto a insistir en el derribo del monumento "Héroes del Simancas", ubicado en el colegio de La Inmaculada. Se trata de una obra de Manuel Álvarez Laviada que forma parte de la fisonomía histórica del centro y cuyo valor patrimonial no puede ni debe ser eliminado de manera frívola por razones puramente ideológicas. Desde el PP actuaremos en consecuencia.

Paralelamente, en el ámbito municipal, IU ha acordado con Foro la activación de un Consejo Sectorial de la Memoria Democrática –con el que, desde luego, no estamos de acuerdo–, que sin duda servirá para propagar una visión completamente maniquea del conflicto, en la que unos serán presentados como héroes sin mácula y otros como villanos absolutos.

Esta lectura simplista, habitual en determinados sectores de la izquierda, pretende imponer una manipulación interesada de la historia. Obviando que en aquella guerra –que supuso un gran fracaso colectivo– coexistieron realidades mucho más complejas: hubo quienes actuaron movidos por convicciones que consideraban legítimas, ya fuera en defensa de un determinado orden político o en la búsqueda de una transformación social que juzgaban más justa; o también quienes se vieron arrastrados a un bando u otro por el miedo, la presión del entorno o el reclutamiento forzoso.

Desde el Partido Popular decimos basta ya de instrumentalizar, casi noventa años después, el sufrimiento de quienes vivieron la mayor tragedia de nuestra historia, vinculando de forma artificiosa a las víctimas de entonces con ideologías actuales. Y, sobre todo, basta ya de usar a esas víctimas —que pertenecen a todos los españoles, sin distinción de bandos— como arma política arrojadiza para dividir a la sociedad.

Creemos que lo que los gijoneses y asturianos exigen hoy de nosotros no es que nos perdamos en estériles debates historiográficos, sino que ofrezcamos respuestas concretas a sus problemas reales. Nos preguntan por el desarrollo del Plan de Vías, por el Vial de Jove, sobre el acuciante problema de acceso a la vivienda o por la tan necesaria ampliación del Hospital de Cabueñes, por mencionar solo algunos ejemplos.

Y es precisamente en eso en lo que estamos centrados. Entre tanto, otros –como Pedro Sánchez, Adrián Barbón u Ovidio Zapico–, desbordados por su incompetencia y falta de ideas, recurren a viejas cortinas de humo para desviar la atención. En el caso de la izquierda, esas maniobras suelen venir acompañadas del humo simbólico de los cañones de la Guerra Civil. No caigamos en la trampa ni compremos su mercancía averiada.

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