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Opinión | Tormenta de ideas

Querida Amparo

No sé muy bien qué decirte. No tengo palabras, de verdad. He leído tu entrevista en mi periódico. Y es que yo soy madre y abuela… intuyo lo que se puede sentir cuando se pierde un hijo; lo sé por lo que sufro cuando ellos sufren. Y ya, Amparo, no me quiero imaginar cómo será sentir que el canalla que le quitó la vida a tu única hija, tu vida también, Amparo, está, a pesar de la condena a 123 años por asesinar al compañero que iba con tu hija y a un periodista, y hoy, ahora, para empezar el año, disfruta del tercer grado para vivir lo que tu hija no pudo hacer.

Era tu hija de los nuestros, una asturiana destinada en Huesca y perfectamente integrada en el pueblo. Un día, a las 6.20 horas, salió a trabajar y una cobarde bomba lapa acabó con sus sueños y con los tuyos… Acabó también con tus nietos, esos que siempre esperabas, como posiblemente hacemos todas las madres. Esos que también ellos, los asesinos de ETA, han matado. Yo no conozco a otras madres, otras esposas, hijos de aquellos que ajusticiaron hoy con total impunidad los esbirros de ETA. Hoy, Amparo, hay cientos de víctimas que, como tú, reviven el horror de saber que los asesinos están en la calle, porque alguien, tú sabes quién, necesita seguir en el poder y ha pactado con el diablo, con los asesinos de más de 853 víctimas reales, 853 fallecidos, pero miles de otras víctimas que sois los que quedáis, con la vida rota, abandonados y viendo cómo aquellos que os las destrozaron obtienen el tercer grado gracias a los infames pactos que hizo el Gobierno con el PNV, que en unos pocos años ha otorgado más de 100.

Podrías encontrarte cara a cara con él. Seguro que está en tus pesadillas, en aquel juicio que aún recuerdas, con ellos (eran tres asesinos) riéndose, y es entonces, Amparo, cuando te entra una rabia que es difícil controlar, que no entiendo cómo puedes hacerlo. Porque yo no. Quiero justicia, quiero que no salgan jamás, que cumplan toda la condena, que las víctimas sean reconocidas como tal, que se les respete, que puedan rebelarse ante esta barbaridad. Una barbaridad exigida por quienes hoy chantajean al psicópata que está en el poder. Tú y yo sabemos que estos días han vuelto a asesinar a tu hija.

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