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Opinión | Comentarios al paso

El legado de Marcelo (y II)

Suele comentar Francisco Villaverde, uno de los principales jóvenes artífices del tránsito exitoso surcado por la organización socialista asturiana desde la dictadura hasta la democracia, desde la clandestinidad hasta las libertades, que, lecturas aparte, empezó a comprender el marxismo a través de las lecciones magistrales de Marcelo. Jaime Izquierdo Vallina, autor de la biografía que nos ocupa, "Marcelo", lo corrobora cuando introduce la disertación que le soltó el 9 de abril de 2004, en fase de superación de un par de infartos, en la misma UCI del Hospital Central de Asturias, de donde, como muestra de su ingenio y facundia, extraigo algunos párrafos:

"Que el mundo sea un paraíso, patria de la humanidad, como dice la letra de ‘La Internacional’, no es solo una expresión poética, es un principio ético inalienable. Es un deseo formulado como un himno, una aspiración a la que no se puede renunciar. […] El marxismo no es una teoría política inamovible, sino que debe adaptarse a los tiempos y debe ser también adaptable a las culturas y a los lugares. Es universal en su concepción, pero no puede ser universal en su aplicación. ¿Qué significa ser marxista en Europa y a principios del tercer milenio? Pues obviamente algo muy diferente a lo que significaba hace 40 años, cuando lo leíamos e interpretábamos en la Academia Obrera de la calle Cura Sama. Si Marx levantase la cabeza y se pusiese a redactar un manifiesto ahora, con toda probabilidad ni siquiera lo llamaría manifiesto, pero contendría, sin duda, los mismos principios universales de entonces y serían las mismas preocupaciones que tuvo con los trabajadores y las clases, las culturas o los territorios desfavorecidos y la generación y reparto de la riqueza. […] No creo que el marxismo esté anticuado. Es más, estoy convencido de que volverá. Después de todo, no es sino una teoría política, una filosofía que busca soluciones para corregir las graves desviaciones de la humanidad en la generación y reparto de la riqueza. [,,,] Los socialistas podemos ser nacionalistas e internacionalistas, pero siempre relativistas antes que absolutistas. Defendemos la cultura local, la lengua o la identidad no para separarnos de los demás, sino para compartir lo propio con los de fuera, y si en ese intercambio, nos mezclamos y nos convertimos en mestizos, pues mejor aún, que no están los tiempos para purezas étnicas. […] La política es, sobre todo, compromiso ético con la sociedad. Esa concepción de la política no puede olvidarse. Hay que decirles a los jóvenes que vuelvan a hacer política. Y hay que decirles también que no se hagan esclavos del consumo, que no se hagan esclavos de nada".

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