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No la llamen iglesia

Ritual sin sacrificio en la Universidad Laboral

Los camiones rodaban por el patio central de la Universidad Laboral de Gijón, eran las ocho de la tarde del día jueves de Comadres 2026. El compadreo acababa, los transportistas hacían su trabajo de recoger atrezo y sonido.Han sido muchas las convocatorias de espectáculos y demasiados neumáticos que van degradando el suelo del patio, aun siendo granítico se resiente de tanto camión siendo Bien de Interés Cultural.

El tráfico será limitado si se alcanza que el edificio de la Universidad Laboral sea declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, entonces a pagar. Para esa declaración las grandiosas puertas de cerrajería que dan acceso al atrio corintio anunciarán que pasaremos por taquilla, habrá un antes y un después.

Con informantes de crédito y siendo testigos directos, una gran parte del mobiliario de la Universidad Laboral fue abandonada y esquilmada, sino despistada antes que se obligase a hacer un inventario, veinte años atrás. Se llegó a vender mobiliario in situ, y hasta puesto en interné, cuanto más quienes a escondidas se lo llevaban crudo.

La Universidad Laboral es hoy un totum revolutum por mucha milla de conocimiento que sea recuerda la liebre y fábula de Esopo: llegar a la meta electoral y se entretienen por episodios con la Laboral, la tortuga aguarda que la fe no tiene prisas.

Hace cuatro días todo el perímetro elíptico del suelo del edificio erigido como iglesia estaba de guano hasta las cejas, como la piscina y la zona jardines, también degradado su suelo de tanto tráfico rodado. A ver si llega el Patrimonio de la Humanidad.

La reparación de la cubierta, la desacralizada iglesia (luego ya no es iglesia) ha sido un serial de televisión, por capítulos hasta que un jueves de comadres se convoca el ritual que movilizó más estamentos que aquella inauguración del primer curso académico de 1955. Para que luego deshojemos la margarita histórica.

En esta ¿inauguración? de la rehabilitación de la cubierta evitando inundaciones de la obra arquitectónica y religiosa con riesgo de colapso por abandono, se imita el mismo ritual que los alumnos vivimos cumpliendo el sagrado sacramento de la Eucaristía. Es idéntico en las formas, pero inigualable al poder de la fe, al que todas y todos imitan como "apóstoles". En esta ¿inauguración? solo faltó la consagración del pan, el sacrificio en definitiva sin que podamos conocer a cuánto ascendió el evento a costa de nuestras contribuciones, cada vez más. ¿Alguien se acordó de quienes trabajaron en esa cúpula elíptica? Deberían saber los promotores del ritual (inauguración) dos verdades olímpicas:

En primer lugar, que ese edificio ya no es una iglesia, es todo menos un lugar sagrado, aunque se suban al "altar" e imiten al sacerdocio que nos educó, cultivó el espíritu y enseñó a amar al prójimo sin preguntar su ideología, hoy tan extremadas hacia el que piense distinto del que gobierna, tal cual. En segundo lugar, para quienes miraban al cielo reticulado admirados por la cubierta elíptica que sepan que en las obras murieron ocho trabajadores encofradores de la cúpula y albañiles. Sus nombres son Balbino Cernuda, José Noval, Silvino Meana, Primitivo Moro, Manuel Martínez, Ángel Barros, José Herrero y José Menéndez (D.E.P). A estos trabajadores muertos en acto de servicio construyendo la Universidad Laboral, se les prometió en su memoria una placa homenaje el 15 de junio de 2024.

Hasta la consejera de Cultura que el pasado jueves de Comadres fue maestra de ceremonias en el ritual de ¿inauguración? de la cúpula del desacralizado edificio, también lo fue en la ¿inauguración? de la placa. Está en la hemeroteca e incluye fotografía. Una placa (fantasma) en memoria de los muertos, tal como está registrado en la hemeroteca y donde no grabaron ningún nombre de los fallecidos. ¿Dónde está la placa?

No llamen iglesia de la Universidad Laboral cuando la fe fue robada (si no incendiada); cuando la ética colapsa la moral; cuando la ideología es enfermiza sabedores que en primera instancia los alumnos que llegaron a la Universidad Laboral lo era a un orfanato minero, el año 1955. No se olviden.

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