Opinión
Sardineando
La tendencia a meterse en charcos innecesarios, e incluso chapotear a conciencia en ellos, no suele ser valorada como virtud en política. Innecesarias y prescindibles me parecen las polémicas generadas por la sardina antroxera, o la ocurrencia del acceso perruno a la playa en plena temporada de baños. Y sobran las monsergas sobre el carácter transgresor y burlón del carnaval. Aquí nadie cuestiona la libertad de quién quiera disfrazarse de monja u obispo. Por más que a mí, personalmente, esa opción me parezca rezumar cierto anticlericalismo viejuno y trasnochado. Menos aún se discute la capacidad de las charangas locales para poner en solfa todo lo humano y lo divino. Lo que no pocos gijoneses cuestionamos es, simple y llanamente, que desde una empresa municipal, es decir costeada por todos incluidos los eventuales ofendidos, se opte por alhajar a la protagonista del carnaval, y acompañantes, con símbolos y vestiduras propias de ministros y consagradas de una confesión religiosa, que es casualmente la mayoritaria. A lo público sí cabe pedirle algo de neutralidad, y sobre todo un poco más de ingenio e imaginación.
Sorprende sobremanera que la decisión provenga de un equipo de gobierno de centro-derecha, cuya base sociológica no intuyo sea muy dada a este tipo de provocaciones. Responsables públicos que fueron elegidos, por una mayoría de gijoneses, para cambiar el rumbo de la política municipal; no para dejarse arrastrar, cómodamente, por un "establishment" y unas inercias, heredadas de décadas ininterrumpidas de mandatos de sus oponentes políticos. Si lo que se ofrece son fotocopias de lo mismo, o sucedáneos mal compuestos, puede que su cuerpo electoral acabe volviendo al original, que ya saben lo de mejor lo malo conocido…
Aumentando el despropósito, y tras las quejas razonadas y legítimamente expresadas por nada menos que una Vicealcaldesa, a alguien se le ocurre contestar con un comunicado, bastante prescindible, del "teleñeco sardinizado". Sobran los recochineos.
Aunque ya en plenos rigores cuaresmales, quisiera dejarme arrastrar sólo un día más por el espíritu transgresor lanzando preguntas al aire sobe los atuendos sardineros para años venideros. ¿Veremos a la sardina con un burka, tan en boga en los debates municipales? Y como compañía el "parrochu" de ayatolá, y Aurorina Boreal de monje budista. ¿O quizá con una colorida falda con la gama cromática, tan armónica ella, de la añorada, por algunos, "tricolor"? O travestida de ministro del ramo, a ver si con semejante "ministre" rompemos el encantamiento que bloquea nuestras principales infraestructuras. O en vez de prima de Rosalía, ¿por cierto por qué extraña conexión todas sus primas tienen que ser monjas?, de hermana de Ana Belén. Son sólo ideas a vuela pluma para forofos de la transgresión, o van a decirme que ésta sólo les vale en un único sentido. Porque es que nos resulta todo muy aburrido y manoseado.
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