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Sembrando odio

Cuando Vox pidió al Pleno prohibir el uso del burka en instalaciones municipales, solo pretendía hacer ruido y sembrar odio; el Supremo ya lo rechazó, el Ayuntamiento carece de competencias y el que haya visto un burka en Gijón, que levante la mano. La propuesta dividió al gobierno y desubicó a un concejal forista.

Vox se opone a aplicar la Ley de memoria al monumento al golpe de estado en el antiguo Simancas amenazando con reponerlo si se quita. No se pueden reabrir heridas, pero se puede cantar ante él, brazo en alto, el "Cara al sol". Foro los apoya argumentando que está catalogado, lo que no parece suficiente ante una ley de superior rango.

Decía en un artículo anterior, que Figaredo batiría su record de estulticia, no tardó en hacerlo; asegurando que en TVE hay una banda de ladrones que desvía dinero a empresas privadas, propone, ya no entrar con motosierra y lanzallamas, sino con una bomba atómica. No digieren que los resultados económicos y de audiencia de la televisión pública sean los mejores en muchos años sin que puedan manipularla, y odian la libertad de expresión que les deja con el culo al aire. Muchos periodistas, por informar de sus andanzas, viven bajo continuas y graves amenazas y persecuciones de las que otros profesionales tampoco se libran.

A Vox se le permitió crecer sin límites, y en un país donde la cabeza se utiliza más para embestir que para pensar, sus proclamas patrioteras y sus mentirosas promesas medran como la mala hierba. Se suben a los tractores pero votan contra las salvaguardas al campo y aplauden los aranceles de Trump, apoyan a la España que madruga pero votan contra cualquier medida social, niegan las evidencias de la violencia de género y el cambio climático mientras desvían millones de dinero público a una fundación de la que Abascal se autonombró presidente vitalicio. Sancionados reiteradamente por el Tribunal de cuentas, promueven el odio al diferente y utilizan la democracia solo para acabar con ella y volver al 36.

La Ley de partidos permitiría su ilegalización, pero concebida como una ley de usar y tirar para ilegalizar a Herri Batasuna, cumplido su objetivo nadie se acuerda de ella por si no solo Vox la incumple. Mientras, Vox va mudando de partido a cortijo de Abascal, al que sus propios compañeros acusan de falta de democracia interna, lo que da una idea de cuáles pueden ser las entrañas de un partido que solo representa y obedece a la oligarquía que desde siempre controla los destinos de nuestro país en la sombra.

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