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Opinión | Comentarios al paso

Sin acritud

Ojalá que esta historieta llegue a oídos de Felipe González, si aún mantiene capacidad de escucha, como llegó a los míos. Fulano y Mengano -los detalles importan poco porque pueden representar a miles de conmilitones- se toparon un buen día por el paseo de la playa de San Lorenzo después de 13 años sin verse. Aunque pertenecientes a agrupaciones municipales distintas, ambos se inscribían en la misma organización política, la FSA-PSOE, ambos presumían de veteranía, ambos desempeñaron, a lo largo de su trayectoria militante, diferentes responsabilidades orgánicas y públicas de mayor o menor enjundia. Decidieron celebrar el reencuentro en el primer chigre que encontraron al paso alrededor de unas botellas de sidra. Después de ponerse al tanto sobre las respectivas circunstancias personales, repasaron la desconcertante situación global, aterrizaron en las cuitas locales y, más pronto que tarde, recalaron en las desabridas declaraciones de su, antaño, líder. Fulano defendía, en términos generales, la ardua y valiente gestión de Pedro Sánchez en medio de las extraordinarias dificultades externas e internas que le abrumaban y reprobaba, sin insulto alguno proveniente de su boca, la posición pública de Felipe González. Mengano se mostraba muy crítico, en cambio, con los dirigentes actuales (tampoco recurrió a exabruptos) por entender que conducían el partido hacia una deriva incomprensible y advertir que determinadas decisiones acrecentaban la desconexión con amplios sectores de la población. Ya digo que este podría ser el resumen aséptico de los derroteros de la conversación sin ahondar en los pormenores tanto de las coincidencias como de las desavenencias. En un momento dado, Mengano, el más crítico con Pedro Sánchez, confesó que, no obstante, si se encarase por casualidad con Felipe González le contaría el episodio que él vivió en carne propia. Comentó que, "in illo tempore", lo citó en su despacho el entonces secretario general de su federación. De buenas a primeras, le preguntó si estaba de acuerdo con la entrada de España en la Otan. Mengano respondió, con una pizca de picardía, que, de entrada, no. El entonces secretario general de la federación, media sonrisa en esbozo, le replicó que eso daba igual, que el comité federal del partido, órgano máximo entre congresos, había decidido avalar la convocatoria de un referéndum favorable a la inclusión de nuestro país en dicho organismo militar y que le encargaba a él, Mengano, la coordinación de los actos de la campaña refrendaria. Dicho lo cual, el entonces secretario general de la federación siguió con su agenda y Mengano se dispuso a diseñar la programación de actos con el oficio y el empeño que exigían las encomiendas de la organización.

Coda: Una tanda compartida de chisposos culetes casi nunca desemboca en moralejas simplonas.

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