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La senda del tiempo

Está vez toca empezar con algo de nostalgia. Como se habrán percatado, el marco de mis palabras de hoy es el título de una de las canciones de "Celtas Cortos" que mi generación recuerda como un clásico imprescindible y más si alguien se animaba y la tocaba a la guitarra.

Más allá de la letra de la propia canción, (que es evocadora por sí misma) quisiera emplear la metáfora de la senda del tiempo para reflexionar sobre los resultados de encuestas recientemente publicadas sobre la polarización de la gente joven y su falta de confianza en su presente y su futuro.

No sé lo hemos puesto (ni se lo estamos poniendo) fácil a la juventud de hoy día para que hagan su propia senda. La dificultad para acceder a una vivienda, el trabajo, precario, en muchas ocasiones después de años de estudio (no olvidemos que son las generaciones que más oportunidades de formación han tenido), y el descrédito que sienten hacia muchas instituciones hace que sean un colectivo especialmente permeable a discursos que parecen dar soluciones fáciles a problemas complejos.

Ahí es donde vuelve a entrar la EDUCACIÓN. No crean ustedes que es una errata que aparezca en mayúsculas la palabra, está puesta así con toda la intención para destacarla, para valorarla y para cuidarla como el mayor tesoro que tenemos si queremos que los y las jóvenes vuelvan a tener esperanza y vuelvan a creer con espíritu crítico en todo aquello que parece que ya está conseguido y, por lo tanto, no merece la pena seguir atendiéndolo.

La juventud siempre ha sido quien ha liderado los cambios, quién ha aportado aire fresco al mundo, así que a mí me preocupa (y mucho) que exista esa desazón que es una puerta abierta a la pérdida de una generación que, sin duda, tendría mucho que aportar si se quitase todo ese ruido de fondo que, como mínimo, consigue generar mucha confusión.

Quienes educamos tenemos una grandísima responsabilidad en estos tiempos, pero nuestra tarea vale de poco si la sociedad no la valora y le da el papel relevante que merece. Yo, haciendo gala de mi ya conocido optimismo, en ello confío.

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