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Opinión | Caloninos en la Cantábrica

En buena compañía

La prudencia como filosofía para evitar más ruido

En tiempos de ruido todavía quedan reductos de calma. A pesar de que vivimos instalados en la confrontación, la descalificación del contrario y los Fuegos artificiales, todavía hay quien opta por la prudencia para evitar echar más leña al fuego a un proceso con cuestiones que no son blancas o negra. Ante la polémica con el monumento "Héroes del Simancas", la Compañía de Jesús ha optado por un respetuoso silencio para no entorpecer el procedimiento abierto desde el Principado para la retirada de la escultura de Manuel Álvarez Laviada que desde finales de 1958 cuelga de una de las fachadas del centro educativo de Ceares. Tan sólo, y tras mucha insistencia desde este periódico, el superior de la Compañía en Asturias se desvinculaba por completo de la concentración que impulsó la semana pasada un grupo de rostros cubiertos que sólo se representaban a sí mismos y sus espurios objetivos. Ni siquiera quisieron hacer daño desde la orden a por qué se autorizó una concentración en un recinto privado sin consentimiento ni conocimiento del centro.

Los jesuitas, de hecho, antes de que estallase polémica alguna por ver a gente brazo en alto cantando el "Cara al sol", ya habían intentado resignificar la obra para retirar las alusiones bélicas, pero se encontraron con la negativa de la administración al estar catalogado. Y eso que cualquier antiguo alumno de la Inmaculada siempre ha visto el "Héroes del Simancas" como una pieza ornamental más de un colegio que desde 1890 ha educado a hombres y mujeres para los demás. Sin mayores connotaciones por mucho que alguien se empeñe.

El centro de Ceares es la misma compañía que desde hace más de un siglo ha dejado su impronta y su legado en la capital marítima del Principado. Ahí están los legados, por ejemplo, del archivo del padre Patac o el herbario del padre Laínz. O el propio callejero gijonés que, desde la calle San Ignacio, ha ido sumando espacios públicos de este a oeste dedicados a jesuitas como Máximo González, Federico González-Fierro Botas, Cándido Viñas, Isaac Montero, José Ignacio Prieto Arrizubeitia y el propio José María Patac. Por no hablar del Revillagigedo o la labor del Hogar San José, la gran obra transformadora de los jesuitas en Gijón.

Mimbres suficientes como para dar un voto de confianza a la Compañía en esta polémica que viene bien para eclipsar otros asuntos más trascendentales y necesarios para los gijoneses. Con la misma posición reflexiva a buen seguro que seguirán obrando, pese a todo, los jesuitas. Respetuosos con las normas y tratando de buscar soluciones lógicas en un mundo impulsivo. Ya lo dijo hace unos años el rector de la Universidad Pontificia de Comillas con la clarividencia de quien ve las cosas con perspectiva y desde la distancia: "si la ley finalmente dice que hay que quitarlo, que lo quiten". Sin falta de proclamas ni aspavientos.

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