Opinión | Comentarios al paso
¿Quién era Agustina de Aragón?
Nuestros hijos y nietos no tienen ni remota idea porque desapareció de los libros de texto, pero la generación “boomer” seguro que recuerda la estampa de una mujer atizando un cañón cuando peleábamos contra los franceses en la Guerra de la Independencia. Lo estudiamos durante nuestra etapa escolar en la “Enciclopedia Álvarez”, pero nadie nos contó quién era de verdad aquella mítica heroína. Me entero ahora -tarde, como siempre- que acaba de aparecer un libro de Rafael Zurita, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Alicante: “Agustina de Aragón. Vida y mito de una heroína de guerra” (Ático de los Libros, 2025).
Agustina Zaragoza Doménech nació en Barcelona en marzo de 1786 y falleció en Ceuta en mayo de 1857 sin dejar apenas huellas rastreables de su vida, cuando a la intrépida defensora de Zaragoza hasta Lord Byron le dedicó poemas y Goya la representó en la serie “Los desastres de la guerra”. Hija de leridanos, sabemos que se casó a los 17 años con el artillero Juan Roca, y que a los 22, con un hijo de cuatro años a cuestas, estaba en la puerta del Portillo de Zaragoza provocando una escabechina al ejército de Napoleón con un cañón de 24 libras. No fue la única mujer combatiente, pero alcanzó la mayor fama por el protagonismo que le otorgó el general Palafox, quien la describía así: “No era guapa, pero sí de gran talla y una agradable vivacidad, un poco morena, hermosos ojos, bien hecha”. Se ha verificado que, en efecto, Agustina medía 1,70 metros, que su valor fue reconocido en Madrid por Fernando VII y que se reúne con su marido, después de la hazaña, en Barcelona, donde nace en 1818 el segundo hijo de la pareja. Su marido fallece en 1823 y se casa siete meses después en Valencia con Juan Cobo Mesperuza, 13 años menor que ella, embarazada de la que será la única hija de ambos. La vida sentimental de Agustina está llena de incógnitas: todo apunta a que concibió otro hijo con el militar José Carratalá Martínez, que combatió en los sitios de Zaragoza y Tortosa y llegó a ser general y ministro de Isabel II.
Agustina acabará instalándose en Ceuta con su hija Carlota y allí morirá en 1857 en medio de un absoluto anonimato. Será en 1870 cuando se produzca el traslado de sus restos a Zaragoza, incorporándose al panteón de los mitos nacionales. Y digo yo, un puto “boomer”, que si nos contaron con pelos y señales la vida de Fray Escoba o de Marcelino, pan y vino, ¿por qué nos escamotearon los datos biográficos de Agustina de Aragón?
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