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Hay tal cantidad de cosas sobre la mesa que me preguntaba sobre qué hablarles en estas líneas que comparto con ustedes quincenalmente.

Pensé en contarles mi preocupación creciente (y seguro que compartida) por este mundo que me cuesta reconocer. No sé cómo lo harán quienes tengan que explicar en las aulas la década de los años 20 del siglo XXI, da la sensación que solo con lo que ha sucedido en estos últimos seis años podríamos llenar el contenido curricular de todo un curso. De hecho, solo con explicar la mitad del mandato de Trump ya tendrán para un trimestre como mínimo.

Pensé también en escribir sobre el pasado 8M que, aunque el ruido (por muy atronador que sea) diga lo contrario, sigue siendo un día clave que nos invita a no perder de vista el objetivo de la igualdad. Pese a todo lo conseguido, aún queda mucho camino. Este día nos debe servir para caer en la cuenta de que lo que tanto costó conseguir se puede perder de un plumazo y por eso merece la pena seguir saliendo a las calles.

Pensé en recordar a esas más de 100 niñas que murieron en los recientes ataques de estos días mientras estaban en la escuela, estudiando, formándose. O en toda la infancia y la juventud de tantos países (siempre son demasiados) que han visto como esta etapa de sus vidas que debería ser de las más felices y fructíferas se ha visto truncada por guerras en las que siempre, siempre, siempre son víctimas inocentes. Pero pensar en esto es un golpe certero en mi eje de flotación: enseñanza, infancia y juventud no deberían colocarse nunca al lado del horror y del sufrimiento; así que lo que me queda es una pena honda que pensé también que podría compartir.

En medio de este caos tan triste que busca desorientarnos todavía más si cabe, pensé en transmitirles mi esperanza y mi deseo de que quienes tenemos el privilegio de enseñar y de aprender pudiésemos seguir haciéndolo para tratar de construir un mundo un poco más cuerdo.

Ya ven ustedes, pensé muchas cosas y al final no sé si he sabido contar alguna. Me quedaré con eso que decía Descartes de que “pienso, luego existo”, para que no se me olvide lo importante.

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