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Opinión | Comentarios al paso

Liarla parda otra vez

Al finalizar la Guerra Fría, una cierta euforia impulsó a determinados politólogos estadounidenses (Fukuyama quizá sea el más conocido) a pronosticar la extensión, poco menos que universal, de las democracias liberales y la expansión imparable de un capitalismo global, lo que significaba el fin de las confrontaciones bélicas por motivos ideológicos. Craso error. Al mismo tiempo, 1992, EE UU, respaldado esta vez por la ONU, se metió en la guerra de Somalia, que acabó en desastre. Tan es así que, 34 años después, el país sigue partido en tres cachos. En 2001, tras el 11-S, invadió Afganistán con el propósito de capturar a Bin Laden y echar a los talibanes, que antes había estado financiando. Se largaron, si recuerdan, en 2021 y volvieron los talibanes, más chiflados que antes, si cabe. Seguimos sin explicarnos cómo Bush hijo engatusó a Aznar y a Blair, entre otros, para invadir Irak porque, también lo recordarán, poseía armas de destrucción masiva. Irak fue otro desastre. En 2010, Obama alentó la llamada Primavera Árabe, que comenzó en otoño y en Túnez, que no es árabe precisamente. Como consecuencia de aquella inspiración, Libia quedó dividida y sumida en el caos, mientras que en Siria estalló una guerra civil que duró 13 años hasta que finalmente se hiciera con el mando un exterrorista de Al Qaeda de indumentaria occidental. Ahora, Trump pretende liar a los kurdos en Irán, cuando los dejó tirados en Siria en 2019 y el pasado año después de usarlos para combatir al ISIS. Metidos de hoz y coz, con armas y bagajes, en Irán, conviene saber que EE UU se cargó en 1953 al primer presidente democrático, Mosaddeq, por atreverse a nacionalizar el petróleo. Lo sustituyó por el sah y luego por el fanático Jomeini. En junio del año pasado, Trump bombardea Irán y proclama que ya no sería una amenaza nuclear. Pero hete aquí que, al poco, inducido por Netanyahu, Irán andaba a un tris de obtener la bomba atómica.

Este breve repaso de acometidas erráticas de EE UU (Trump ha bombardeado siete países en un año) lo he tomado -sin recato por mi parte y con merma de su punzante ingenio- del periodista Íñigo Domínguez. Perfila contextos que conviene recordar para inquirir explicaciones a tanto despropósito destructivo, ruinoso, además de cruento. Las tramas apenas esbozadas no sirven solo para denunciar reiterados y fallidos desmanes de EE UU o para concluir, al modo refranesco, que es el único animal que tropieza X veces en la misma piedra, sino también para subrayar que la expresión “no a la guerra” conecta mejor con el sentido común que con mantras de izquierdas o derechas.

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