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Canes y peces

Si se gobernara a golpe de recogida de firmas en la plataforma Change.org, el equipo municipal de gobierno mantendría su intención de incluir en la próxima Ordenanza Municipal de Animales de Compañía una flexibilización de la presencia de perros en los arenales. Hasta el momento de escribir estas líneas, la campaña para cerrar el paso a los canes ha conseguido 1.052 firmas desde su lanzamiento, el 11 de febrero. Sin embargo, la que ha contratacado para mantener el reducto del Rinconín a los cánidos alcanzó las 6.851 en seis días. Tal vez los dueños de perros se movilizan mejor. O simplemente Gijón es ciudad de vocación perruna. Quizás ambas cosas.

Está claro que una u otra postura tienen sus razones, ésta no es una película de arpías contra seres de luz. Habrá posiciones egoistonas, pero también las encontramos científicamente sustentadas. De hecho, el revuelo viene de lo ocurrido en el consejo sectorial de Protección y Bienestar Animal de Gijón, donde pudo escucharse la alegación del CSIC alertando del daño sobre la biodiversidad del Rinconín por los orines caninos, además del criterio del representante de la administración regional, contrario en general y por motivos sanitarios a la presencia de perros en los arenales.

Hay que escuchar a los científicos siempre y tenerles en cuenta cuando toca decidir. Porque gobernar es lo que viene después, y hacerlo con acierto exige templanza para generar soluciones de beneficio colectivo con impacto controlado. A estas alturas, el equipo municipal de gobierno sabe que, haga lo que haga, acertará y errará. Quisiera obrar un milagro de canes y peces, pero esto es la vida real.

Ante la posibilidad de cerrar el Rinconín a los cánidos, ofreció abrir una franja horaria nocturna desde las escaleras 2 a 8 en temporada de baño. Pero ahí tropezó con las labores de limpieza de nuestra playa en su inmenso bullir estival. Además, recoger cacas y diluir orines en la oscuridad es complicado hasta para los dueños más comprometidos.

Así que seguramente la opción más inteligente es la defendida por el concejal de Urbanismo y presidente de Foro en Gijón, Jesús Martínez Salvador: dejar las cosas como están. El veto ya asumido a los perros en San Lorenzo durante la temporada de baño y el oasis perpetuo del Rinconín. Cierto, significa asumir el impacto ambiental.

Vaya por delante que mi liga es la felina, no tengo perro. Pero quisiera que en esas reuniones decisivas se escuchara también el fundamento científico -ha de haberlo, seguro- del inmenso bien que los canes procuran al ecosistema humano. Cómo espantan soledades, levantan ánimos, acompañan curaciones, iluminan infancias, guían, reconcilian con el mundo, conectan con la naturaleza. Su felicidad es un valor en sí misma e impacta en la nuestra. ¿Cabe considerar como argumento este pequeño gran milagro?

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