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La travesía del viajero enamorado

Luken Munguira (tenor) y Aurelio Viribay (piano), Sociedad Filarmónica de Gijón, Teatro Jovellanos, miércoles, 18 de marzo, 2026.

Una de las partituras más bellas del compositor Franz Schubert es, sin duda, “La bella molinera”, un ciclo de veinte lieder con un argumento que funciona desde los orígenes de la humanidad hasta los culebrones más recientes: el amor no correspondido. Basada en los poemas de Wilhelm Müller, la obra traza el recorrido emocional de un joven errante que, guiado por un arroyo -símbolo del fluir de la vida-, se enamora de una molinera para acabar sumido en la frustración y el desengaño.

El pianista Aurelio Viribay y el tenor Luken Munguira, ayer, en el Jovellanos.

El pianista Aurelio Viribay y el tenor Luken Munguira, ayer, en el Jovellanos. / Juan Plaza

En esta ocasión, la interpretación corrió a cargo del pianista Aurelio Viribay y el tenor Luken Munguira, en un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica dentro del festival (POEX). La proyección de los textos traducidos resultó un acierto al facilitar al público el seguimiento de la narración sin romper la atmósfera intimista.

Viribay ofreció un acompañamiento sólido y refinado, atento en todo momento al equilibrio sonoro. Su lectura del piano como encarnación del arroyo -con sus flujos y remansos- fue especialmente lograda, sosteniendo el discurso con sensibilidad y acertando con el plano en el que se debe situar sin eclipsar la línea vocal. Por su parte, Munguira apostó por una interpretación contenida, de afinación impecable y más centrada en la expresividad que en la potencia. Este enfoque, si bien funcionó de manera excelente en las primeras filas por su riqueza de matices y su capacidad actoral, perdió proyección en los pasajes más suaves para el público más alejado.

El ciclo, que avanza desde la ingenuidad inicial hasta la obsesión y el final incierto, en el que amor, sufrimiento y muerte se entrelazan, encontró en ambos intérpretes un vehículo convincente para explorar sus contrastes emocionales. El resultado fue un viaje íntimo y coherente que logró conmover al público y arrancar una prolongada ovación, confirmando la fuerza atemporal de esta obra maestra.

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