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Lo que bien se sueña, bien parece

Qué difícil se nos antoja no pocas veces aunar el tiempo del estudio con el de la creatividad, el encuentro, el reconocimiento de los otros y la consecución compartida de metas artísticas comunes. Las temporadas escolares, ya sean en un instituto o en un centro de enseñanzas artísticas, a saber, un conservatorio, están exprimidas al máximo y por ende, apenas consiguen alcanzar para el alumnado, incluso para el profesorado comprometido con la excelencia, los contenidos anhelados que traducido y reducido casi al absurdo, es que terminen tocando aquello que se planificó en una programación.

Aquellos que sueñan y conciben la música –pero también la danza o el teatro– como una herramienta de transformación, una oportunidad de crecimiento personal única y significativa para entender el intangible de la belleza y la capacidad de comunicación que ésta genera, aún encuentran tiempo más allá de sus obligaciones para organizar, pensar, diseñar un espacio de encuentro sencillo, humilde y tranquilo como el que el Conservatorio Profesional de Música Julián Orbón de Avilés, con el concurso del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón y el Conservatorio Profesional de Música de la Mancomunidad Valle del Nalón regalan a un puñado de aprendices de violín que por unas horas, se escuchan, se conocen, comparten y tocan bajo la atenta mirada y magisterio de un puñado de magníficos profesores de estos centros.

Afirmaba el genial y único Leonard Bernstein que "la música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido". Generosidad y vocación son los palabros que se me antojan al hablar de estos Encuentros Asturianos de Violín que en su segunda edición presentada en Avilés con el concurso del nuevo espacio educativo y de la sempiterna Casa de la Cultura, reunió a casi medio centenar de alumnas y alumnos de los grados Elemental y Profesional.

Horas para tecnificar, para acercarse a otros repertorios alejados de aquellos que forman parte de una programación, para jugar, para hacer amigos, para reír juntos y para reconocerse en el esfuerzo, en el rigor, en la ilusión y de paso, compartir sueños adolescentes con compañeras y compañeros de otros centros. Jorge Díaz y Natalia García del centro organizador, Aida González y Carlos Tagarro, del centro gijonés, Adrián Arechavala de Sama de Langreo con la participación de Iria Rodríguez, conforman el elenco de maestros que animaron y acompañaron a los músicos, apenas un puñado de chicos frente a un porcentaje abrumador de niñas y jóvenes entre los que tal vez algún día, encontremos a los futuros tutti de alguna de nuestras orquestas profesionales.

Finalizaba el encuentro con un concierto en la mencionada Casa de Cultura. Piezas sencillas abordables por los más pequeños, autoría de Nelson King o de Joseph Bloch. El alumnado de grado Profesional presentó un programa con otra dificultad y con más música en su ejecución. Piezas de Campagnoli, de Mazas y de Franz Joseph Haydn. La sorpresa llegaba con la inclusión de tres piezas contemporáneas del gusto de los más peques. La oscarizada "Golden" de Ejae y Sonnerblick en arreglo de Iria Rodríguez. Una versión neoclásica y minimalista del arreglo original para el himno "Viva la vida" de Coldplay, también obra de Iria Rodríguez y un medley complejo y realmente vibrante sobre la banda original de la película "Harry Potter" del extraordinario e inconfundible John Williams en versión de Adrián Arechavala.

El propio Bernstein afirmaba que "la música es el lenguaje que todos entendemos". Más allá de programaciones, de planes, de cuotas o de titulaciones, la emoción y la sonrisa de estos músicos y sus profesores justifican y animan la continuidad de estos encuentros con mayúsculas. Faltaría, para completar el círculo, la presencia de otros profesores, a los que conminamos a compartir su expertise y su talento. A otros centros que no están. Y puestos a pedir, restaría escuchar al elenco de profesores. Sois su referencia más cercana. Queda pendiente para el próximo año. En buena hora.

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