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Opinión | Comentarios al paso

Thule también existe

Antes de merodear por los predios de Celama, ese reino que fundó aquí al lado el escritor leonés Luis Mateo Díez, un servidor, de niño, ya había pateado los dominios de Thule, donde reinaba Sigrid, la novia del Capitán Trueno, aquel héroe de tebeo ideado por Víctor Mora.

Seguro que Víctor Mora sabía que Thule era el lugar más lejano imaginable, fuera de los mapas, envuelto por la niebla, el frío, el misterio, el mito; un lugar que los clásicos griegos y romanos identificaron como el confín más septentrional del mundo civilizado y que él convirtió no solo en un escenario de aventuras sino en ideal utópico, en símbolo de país culto, pacífico, avanzado, justo, en contraste con los tiranos y villanos que Trueno combatía, y concibió y utilizó como disimulado contrapunto a la España de la dictadura, atrasada, mustia y pobre, de los años 50 y 60 del pasado siglo, época que le correspondió vivir. Seguro que Víctor Mora conocía que el navegante griego del siglo IV a. C. Piteas de Masalia señaló una tierra, Thule, a seis días de navegación al norte de Britania, donde el sol apenas se ponía en verano. Como seguramente conocía también que los sabios Estrabón, Plinio el Viejo y Tácito habían hablado del territorio de Thule, aunque no coincidieran en su ubicación geográfica. Y sabía que en la Edad Media y en el Renacimiento Thule se usó como símbolo de inquietud y ambición intelectual, hasta aparecer en la cultura moderna como una utopía o civilización perdida al estilo de Camelot, fortaleza y esfera del legendario Rey Arturo, o de la Atlántida, isla mítica descrita en los textos dialogados de Platón. Seguro que Víctor Mora sabía que a principios del siglo XX el explorador Knud Rasmussen nominó Thule a un asentamiento en el noroeste de Groenlandia, denominación que se usó para bautizar a una base militar estadounidense, “Thule Air Base”, en dicha isla.

Lo que nunca supo Víctor Mora es que en 2023 se borró literalmente el nombre de Thule y la instalación militar mentada de EE UU en Groenlandia pasó a llamarse “Pituffik Space Base”, por lo que ya no existe un territorio reconocido oficialmente con ese topónimo, condenado, finalmente, a refugiarse en la mitología antigua y en las páginas de los tebeos imperecederos que él mismo dibujó.

Da igual. Por muchas vueltas que dé la vida, por muchas revisiones o rectificaciones que fabrique la historia, Thule existe y existirá en la mente, ya un tanto deslucida, de aquel niño atónito -hogaño viejo estupefacto- que devoraba, a solas, las espectaculares, fantásticas, alucinantes viñetas de “El Capitán Trueno”.

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