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Evidencias frente al ruido

Les recomiendo la lectura de un reciente artículo firmado por Vicente Montes en LA NUEVA ESPAÑA titulado “Así es la economía de tu vida”. Recoge las conclusiones de un informe elaborado por la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, Fedea, sobre la combinación entre contribución y sostén económico en cada persona a lo largo de su vida. La noticia aúna tres elementos fundamentales que nadie debería discutir en una sociedad moderna: investigación, comunicación y sentido común. Los tres, sin embargo, sortean tiempos de naufragio. Por eso celebro este artículo, su discreta belleza esencial.

Empecemos por la investigación que resume. Resulta que nuestras vidas pueden dividirse en tres etapas bien definidas: infancia y juventud hasta el trabajo estable, adultez profesional y personal, y tiempo de retiro. En la primera somos receptores de recursos, en la segunda fundamentalmente contribuimos y en la última nos convertimos en una combinación de ambos roles. Esta dinámica tan cargada de lógica revela, en palabras de Montes, “la existencia de un auténtico pacto intergeneracional, sostenido simultáneamente por el Estado, la familia y el ahorro”.

En otras palabras, lo que hacemos es cooperar -cada una y uno en la etapa que transita- para el sostén colectivo. Por un lado, dentro de nuestras familias, ayudando a nuestros hijos e hijas a situarse en el mundo. Por otro, asumiendo derechos y obligaciones en el engranaje social, lo que propicia unos servicios para el bienestar común. Cooperación. El concepto preferido de la bióloga estadounidense Lynn Margulis. Defendía que la vida compleja en la Tierra surgió gracias a la cooperación de bacterias. Y que es la cooperación lo que ha garantizado después la supervivencia dentro de cada especie. Incluida la humana. Apuntado.

Pero volvamos al artículo. De poco sirve el esfuerzo riguroso, lúcido, basado en evidencias, de entidades investigadoras si luego no hay quien asuma la tarea de contarlo de forma simple al universo mundo. Resumiendo, entresacando e identificando fuentes. Dando con el titular que sirva de puerta de entrada. Es la definición del trabajo periodístico. El relato profesional de los hechos frente a la inmensa sopa de contenidos disfrazados de información veraz en la que navegamos -en realidad, acabamos chapoteando- diariamente.

Y ahora vamos con el tercer elemento en juego: el sentido común. Aplicado a este caso, es el que nos hace ver la lógica que subyace en las conclusiones de la investigación de Fedea. Pues claro, todo encaja, cómo si no vamos a ser capaces de salir adelante. Gracias al Estado, la familia y el ahorro. Pero qué bueno es verlo negro sobre blanco. Contrastado, sostenido en evidencias frente al ruido.

Porque ruido hay para dar y tomar. Tanto que parece que perdemos pie y se van por el desagüe investigación, comunicación y sentido común. No lo permitamos, son imprescindibles para el pensamiento crítico.

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