Opinión | La trastienda
Mentiras
Según el dicho popular “las mentiras tienen las patas muy cortas” y son patas y no piernas porque imagino al bicho mentiroso correr como tarántula mientras la verdad, humana, le deja en evidencia.
Pero la realidad no es tan idílica, la verdad tiene una cara, aunque no sea la que nos venga bien o no sea la de “los nuestros” y las mentiras tienen muchas facetas y formas. Hay mentiras rotundas, es el no cuando todos sabemos que es si, es el blanco cuando es negro, son las supuestas pruebas que no existen y que el tiempo, más o menos lento, dejan a la luz que no eran tales, aunque mientras eso pase quien mintió se aproveche del desconcierto.
Mucho más peligrosas son las mentiras elaboradas, los bulos, las noticias falsas, las consignas que creíamos inverosímiles, pero que repetidas muchas veces siguen el principio nazi de que una mentira contada mil veces acaba siendo verdad. Empiezan casi siempre por medias verdades, por una realidad de la que se cuenta una parte para destrozar el conjunto, parecen ciertas porque se apoyan en un hilo de realidad, pero en su elaboración son pura fantasía siempre con un propósito, siempre alguien gana y casi siempre muchos pierden, a veces la confianza y la tranquilidad, en el peor de los casos su vida y eso es perderlo todo.
Y además están las mentiras cobardes, las que empiezan con un “creo que” o “me dijo alguien” sin saber si la creencia tiene suelo firme o ese alguien es fiable. Son las que sostienen los rumores, nunca se tiene certeza, nunca se dice nada seguro, pero dejan un poso de confusión, un polvo de incertidumbre que da vueltas en la mente como un bucle perverso. Se crean y difunden en un intento de perjudicar al sujeto, muchas veces no consciente, de tales creencias infundadas.
Las mentiras suelen alimentarse a medida que caminan. Contaba mi madre que un día entrando en una cafetería vio un militar en la puerta, años de dictadura en los que eso provocaba cuando menos inquietud. A medida que sus compañeras de mesa llegaban contaban que eran dos militares, un grupo de ellos y hasta un batallón, sin que hubiera cambiado la realidad del soldado solitario.
Exagerar es mentir, elevar a la categoría de incendio un fuego de cerilla es mentir, llevar el ascua a tus intereses cuando por ahí no calienta es mentir, sembrar la duda donde no tiene que haberla es mentir.
Hay personas mentirosas compulsivas, no pueden o mejor no quieren evitarlo, mienten en lo importante y en lo banal y salir de ahí siempre supone un fracaso en su vida. A quien miente para perjudicar a otra persona, el que lo hace por maldad hacia alguien determinado o hacia el mundo, únicamente merece mi repulsa y alejarme de tanta vileza. Desde las armas de destrucción masiva hasta que alguien estuvo donde nunca puso sus pies, es todo de bicho de patas cortas.
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