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Opinión | Tormenta de ideas

Semana Santa

Empieza la Semana Santa. Y nuestro pregonero es Eloy Méndez, director de este periódico y que lo fue durante años en Gijón, con quien tuve el placer de conectar mucho y muy bien durante su etapa en esta villa. Hoy, mientras paso mi particular vía crucis, sin poder acudir a ninguna celebración, postrada en este sofá que se está convirtiendo en un potro de tortura, leo y me emociono con sus palabras.

En ellas nos habla de introspección, algo que hoy en día resulta tan difícil. Vivimos hacia fuera, hacia el exterior, sin tiempo para mirarnos por dentro, analizarnos y cambiar aquello que no va bien, aquello que no nos hace felices. Quizá la Semana Santa sea un momento para ello: para reflexionar, para hacer ese cambio a mejor. Porque es cierto que condensa, como nuestro pregonero indica, sentimientos muy profundos: sufrimiento, tristeza, esperanza, alegría y fe.

En un momento vital y social en el que la fe parece ausente, es más necesaria que nunca. Y no solo a nivel religioso, qué va… Es fundamental para seguir adelante cuando la vida pone obstáculos difíciles. En esos momentos es imprescindible mantener la esperanza de que, una vez superados, todo volverá a su lugar. Porque, pese a todo, hay que confiar en que lo mejor está al otro lado.

La vida no es fácil, pero siempre debería haber una salida. Algo por lo que luchar, algo que nos devuelva la fuerza cuando todo a nuestro alrededor se desmorona. Pienso en ella, en Noelia, que se fue porque nadie le ofreció esa salida, esa fe, esa esperanza, ese apoyo imprescindible en tantos momentos de su vida. Su muerte no puede justificarse: es un grave error de una sociedad que no ha sabido protegerla ni ayudarla cuando más lo necesitaba. No ahora, cuando ya era tarde, sino cuando empezó a romperse por dentro, en esa adolescencia en la que necesitaba ayuda y no la tuvo.

Y se fue, llevándose con ella nuestra derrota. La de quienes estuvieron cerca y también la nuestra como sociedad, que tantas veces falla en proteger la vida. Ella vio reforzada esa idea tan presente en el sufrimiento profundo de aquellos que piensan que la muerte es la solución: no hay salida, nadie puede ayudarme. Y creo sinceramente que todos de alguna forma han contribuido para que esta noticia sea una victoria de una ley que es muy muy complicada. Que solo nos faltó, además, ver retransmitido el momento de su partida, porque el morbo y la ausencia de respeto han estado presentes en todos los medios de comunicación. Así que todos hemos tenido que vivir su dolor sintiéndolo como propio y viéndonos a la vez impotentes porque todo estaba más que decidido. La ley se ha cumplido.

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