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Opinión | Comentarios al paso

HUP

Existen voces mentirosas interesadas en alimentar el enfrentamiento intergeneracional a costa de las pensiones, uno de los tres principales pilares del Estado social junto con la sanidad y la educación. Ocultan intencionadamente que el crecimiento de la desigualdad intergeneracional responde a otros factores como que las generaciones más jóvenes (los nacidos en los años setenta, ochenta, noventa…) sufren un menor aumento de sus salarios (precariedad se llama) que las generaciones nacidas en las décadas de los años cincuenta o sesenta; a lo que ha de unirse una inestabilidad laboral limitante de su capacidad de ahorro, lo que, a su vez, dificulta o impide el acceso a una vivienda por parte de los más jóvenes que, en consecuencia, han de afrontar o soportar un esfuerzo mucho mayor que el realizado por sus antecesores. El asunto de las desigualdades intergeneracionales es más complejo, por lo tanto, salvo que la miserable baba de aquellas voces falaces defienda, a cara descubierta si se atreve, que la cantidad de 1.512,7 euros al mes, media de la pensión de jubilación en España en enero de 2026, supone un dispendio de las arcas públicas.

Ello no es óbice para que atendamos con interés ciertos datos preocupantes proporcionados por recientes estudios. Por ejemplo, este que entresaca Joaquín Estefanía en uno de sus artículos periodísticos: La riqueza media de las personas de 65 años se ha más que doblado respecto a las de 35 entre 1999 y 2015; hace dos años, las primeras atesoraban ya cinco veces más riqueza que las últimas, con tendencia a acelerarse. El mismo periodista, consciente de la necesidad de arbitrar medidas que contrarresten la desigualdad derivada de la lotería de la fecha natal, acude a una idea audaz esbozada por el economista francés Thomas Piketty: la posibilidad de implantar una herencia universal pública (de ahí las siglas HUP del título) de la que se beneficiarían todos los ciudadanos, no solo los descendientes afortunados. La propuesta, a grandes rasgos, consistiría en otorgar a toda persona, al llegar a la mayoría de edad (o a una edad entre los 18 y los 25 años), una suma de dinero que no sería un cheque en blanco. Estaría condicionada a financiar un proyecto con beneficio social; que se podría utilizar para crear un plan cultural, el estudio de oposiciones, pagar la entrada de un piso, crear una idea empresarial, poner un negocio, etcétera. Esta medida permitiría a los jóvenes no solo independizarse, sino también tener la opción de desarrollar su proyecto de vida. Además de favorecer la redistribución de la riqueza, se estimularían las competencias personales y se reforzaría la igualdad de oportunidades. Ahí queda, a trazo grueso, otra propuesta ¿utópica?

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