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Movilizarse contra la injusticia

La concesión del indulto a “las 6 de La Suiza”, seis sindicalistas encarceladas por comprometerse en la defensa de las trabajadoras, es una victoria social que no oculta una sensación agridulce. En el momento en el que poner el cuerpo para comprometerse en la defensa de los derechos de la clase obrera puede llevar a una persona a la cárcel, nos encontramos con un problema que trasciende el caso particular y pone en cuestión nuestro concepto de la democracia. El caso de las 6 de La Suiza reveló, si es que hacían falta pistas adicionales, la profundidad de las grietas sistémicas que ponen en riesgo, a lo largo y ancho del país, la libre labor del sindicalismo y que ponen en riesgo, por tanto, la esencia de la democracia.

Por tanto, es momento de celebrar la noticia, por supuesto, pero sabiendo que estamos celebrando una anomalía: estamos celebrando el final de algo de nunca debería haber ocurrido; lo estamos celebrando sin olvidar otras situaciones pendientes; lo estamos celebrando con la certeza de que esto no debe volver a ocurrir nunca más. Y precisamente, y por todo lo anterior, debemos poner en valor la inmensa movilización de la sociedad asturiana, volcada, literalmente volcada, en el apoyo a seis personas que representan la mejor tradición de esta tierra: la lucha sindical. Estas grandes movilizaciones, encabezadas por el sindicalismo asturiano y el de todo el Estado, crearon un frente unitario imprescindible para neutralizar a los sectores antisindicales y favorecer la consecución del indulto.

En este sentido, creo (más bien, sé de buena tinta, por haber conocido los entresijos de estos meses sin cámaras ni taquígrafos), que es de justicia mencionar la labor del Ministerio de Trabajo, con Yolanda Díaz al frente, quien se implicó desde el principio para lograr el indulto, como se implicó para que no durmieran ni un solo día en el interior de Villabona. No podemos perder de vista que el indulto no es una concesión caprichosa, sino la incompleta reparación de una injusticia, pero tampoco podemos ignorar que, con un gobierno de derechas, las 6 de La Suiza seguirían en la cárcel. Esto demuestra la importancia de vincular la lucha social con la labor de un gobierno progresista que, siempre impulsado desde la izquierda, pueda transformar la movilización en acción política.

No han sido pocas las resistencias que ha habido que vencer, y este indulto es consecuencia del trabajo discreto y silencioso de muchas personas, en el gobierno central y en el autonómico, en el espacio político y los partidos, en los sindicatos y, por supuesto, y en primer lugar, del empuje de la sociedad organizada. No podemos loar un indulto sin condenar la injusticia previa, pero sí debemos celebrar que seis personas recuperen la libertad que jamás debieron perder. Ojalá este caso sirva para demostrar que la movilización social sí que sirve, por supuesto que sirve, y que, frente a la represión antisindical, no podemos dar ni un paso atrás. Gracias a las 6 de La Suiza por su ejemplo de valentía, resistencia y solidaridad.

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