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Tiempos de Cuaresma, tiempos de reflexión

A quienes no estamos avezados a la hora de redactar para tratar de transmitir ideas pensamientos o incluso sentimientos, nos cuesta el ordenar primero las ideas y luego tratar de plasmarlas en el lienzo en blanco que es el papel. Desde mi bisoñez en ello, lo intentaré apelando a la benevolencia del lector y agradeciendo a este medio la oportunidad que me brinda.

La Cuaresma es, por definición, tiempo de reflexión y preparación para llegar a la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor con el corazón y la mente limpios y abiertos a Él.

Todos vivimos el presente devorando horas, días y años como quien pasa por la vida sobrevolando por ella montados en la rutina y sin pararnos a reflexionar, valorar o simplemente recalcular lo que hacemos, somos o queremos llegar a ser o hacer…

Ahora ya con este tiempo concluido quiero compartirte, estimado lector, una reflexión, una vivencia personal relacionada o no con la fe pero que nos sirve a todos en algún momento de nuestra vida.

Circunstancias de salud me han llevado a estar “alojado”, coincidiendo casi de pleno con la totalidad de la cuaresma, en dependencias hospitalarias. Allí en la soledad del enfermo y en la compañía de otras realidades, no me quedó más remedio que dar un frenazo al AVE de la vida en el que vamos montados y pensar, analizar, reflexionar y discernir.

 En mí, la fe fue y es una tabla de salvación, un refugio seguro, cuando la borrasca de la enfermedad azotó con fuertes vientos como si de una galerna cantábrica se tratase. Esa fe unida al tiempo cuaresmal, fue una invitación de la Divina Providencia a un análisis introspectivo, pausado y sereno de la vida en general y de la mía en particular.

¿A donde vamos tan rápido que no vemos más allá y sin oportunidad de quitarnos las orejeras que no nos dejan ver lo que pasa o se necesita a nuestro lado? ¿Por qué corremos para llegar a dónde? ¿Realmente compensa esta vorágine en la que vamos arrastrados por la velocidad de los tiempos? ¿Qué nos estamos perdiendo sin ser realmente conscientes de ello y por lo tanto nunca llegaremos a echarlo de menos?

Como he ante dicho la Cuaresma es ese tiempo que todo cristiano debemos usar para hacer esa parada, ese análisis vital y recalcular la ruta, el camino, para llegar a la verdad y la vida y por ellas a Él.

Ha sido la necesidad marcada por la enfermedad lo que me obligó a hacer esa parada, pero en realidad ello ha sido la disculpa pues la herramienta ya la tenía en la mano, todos los cristianos la tenemos en la mano la vida y el ejemplo de cristo y en estos próximos días su Pasión, Muerte y Resurrección.

Pongamos nuestras vidas en su mano para así someterlas a su examen y que ÉL nos ayude a discernir. Esto significará poner la piedra principal del cimiento de nuestra existencia, dar valor a lo realmente importante, hacer limpieza de lo innecesario y que de una forma u otra puede llegar a dañarnos profundamente en cuerpo y alma.

Que la Cuaresma nos haya servido para ello y lleguemos a esta Semana Santa en capacidad de ser testigos de un Cristo de vivos y no de muertos, de un Jesús Resucitado que nos llene el cuerpo y el alma de su esencia para darnos a los demás, para ser su instrumento, como pedía San Francisco, en este vertiginoso mundo tan marcado por lo superficial y transmitir o al menos intentarlo, su mensaje.

Feliz Semana Santa

Paz y bien

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