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Jugando al tetris

Llega el día más esperado del mes: entra la nómina. Durante unos breves y gloriosos minutos, una se siente casi rica. Incluso se contempla la posibilidad de ahorrar para una casa, un viaje o formar una familia… ¡qué optimismo tan bonito! Entonces empieza la partida real: llegan los recibos del banco y la cuenta se va minimizando sin piedad.

Primera pieza: el alquiler. Más del 50% del ingreso desaparece en un solo movimiento, limpio, sin posibilidad de girar la ficha ni encajarla mejor. Fin del juego emocional en tiempo récord. A partir de ahí, todo lo demás se vuelve un ejercicio de supervivencia financiera.

Siguiente nivel: luz, agua, internet… Facturas que llegan puntuales, sin saltarse ni un día del calendario. Cada una se lleva un trocito más del sueldo.

Luego viene la compra. Ese instante en el que compras cuatro cosas y, sin saber muy bien cómo, ya son 50 euros. Los huevos, por ejemplo, han pasado de ser un básico humilde a casi un artículo de lujo. ¿En qué momento los huevos subieron tanto? Uno los mira, suspira, y aun así terminan cayendo en el carrito, porque algo hay que comer. Ahorrar, viajar o incluso comprar una casa se ha convertido, literalmente, en artículos de lujo.

Cuando parece que ya no queda mucho por restar, llega el golpe de realidad: una reparación, la subida de la gasolina, una multa o cualquier sorpresa que termina de desajustar el tablero. Y así, casi sin darte cuenta, pasas de haber cobrado con alegría a mirar la cuenta con preocupación.

El resultado final es digno de estudio: cero ahorros, y la cuenta temblando. Luego lees que la natalidad es muy baja en Asturias y que la población cada vez es más envejecida. Hay más perros registrados que niños.

En este Tetris, las piezas no dejan de caer… y sobrevivir un mes más ya es, en sí mismo, una victoria para gran parte de la población. Aun así, seguimos encajando fichas, con la esperanza de que nos llenen la cesta de huevos de oro, y de que, a nivel mundial, exista un gran “No a la guerra”.

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