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Prímula: Crónica de una muerte no anunciada

Hace 22 años un grupo variado de profesionales, entre los que me incluyo, realizamos unas lecturas en el salón de actos de la escuela de enfermería del Hospital de Cabueñes a modo de recuerdo del día del libro que se celebraba en aquellos días de primavera.

En el postoperatorio de las lecturas y bajo la guía de Aurora (a la sazón bibliotecaria del Hospital) pergeñamos una idea peregrina: editar una revista en la que profesionales y pacientes aficionados a juntar letras, pudieran plasmar en papel, cualquier idea u opinión sobre temas libres. Ya desde el principio dejamos claro que la temática de lo publicable sería a criterio del escribiente evitando sesgos políticos, religiosos o de cualquier índole sectaria. Puedo afirmar sin miedo a equivocarme que nunca se ha retocado, por parte del comité editorial, ningún escrito excepto correcciones ortográficas.

Teníamos una duda, una certeza y una preocupación.

Duda: ¿Se recibirían suficientes escritos como para “llenar” una revista? Respuesta: en 40 números nunca hemos tenido déficit.

Certeza: ¿Tendríamos el apoyo, no económico, del hospital a efectos de difusión, archivo etc?  Respuesta: hasta el cuaderno 38 sin ningún problema.

Preocupación: ¿Como obtener financiación para gastos de imprenta, asesoría…? Respuesta: Nos constituimos legalmente como asociación y diferentes empresas nos proporcionaron, a través de anuncios, el sustento para pervivir estos años. La única ayuda pública provino de la concejalía de cultura del ayuntamiento de Gijón. Solo durante unos años y cubría el 10% del presupuesto editorial.

Desde nuestros principios había algunas características que, simulando las cuatro patas de una mesa, fueron siempre parte de nuestro ideario:

La revista debía tener impacto visual. Creo que, al margen de gustos, se consiguió. Marga del Valle y Manolo Sieres, ambos del comité editorial, consiguieron que pintores, escultores, fotógrafos…nos cedieran sus palabras y un catálogo de sus obras para que pudiéramos elegir la imagen de portada.

La revista debía tener calidad y calidez una vez en nuestra mano.

La revista tenía que ser de difusión gratuita en el mundo sanitario y cultural.

La revista debía ser abierta, pero siguiendo una cierta línea: arte, viajes, relatos, poesía, infantil, recetas…Especialmente brillante fue la idea comandada por Ovidio Alonso, terapeuta ocupacional y miembro del comité, que abrió la puerta al CTI de Montevil. Poesía y entrevistas dejaron en fuera de juego la discapacidad.

En mayor o menor medida podemos asegurar que siempre lo intentamos

Finalmente he de destacar los distintos premios que nos fueron otorgados, el simbolismo de la primera piedra del futuro hospital y el reconocimiento que distintos estamentos (algunos de otras comunidades) nos hicieron llegar.

Entre el número 38 y el 39 algún hada maligna se cruzó en nuestro vuelo y de repente, el hospital, nuestro apoyo estructural (nunca económico) se convirtió en un campo de minas. Minas que convirtieron las flores primulosas en setas venenosas. Cuesta creer como los aplausos y premios se tornaron en desprecio. Al final, como ese infarto traidor, nuestra muerte llegó bruscamente, sin pródromos, y en plena madurez. El portador de la guadaña nos señaló y firmó la ejecución. La guadaña tiene fecha de caducidad y Prímula, desde el cielo, sonreirá.

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