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La huella de la Orden de Malta en San Juan de Villapañada: la fantástica historia de caballeros, monjas y malhechores en la zona rural de Grado

El lugar, que hoy tiene albergue, contó antaño con hospital de peregrinos en la ruta interior del Camino Primitivo de Santiago

Malta y San Juan de Villapañada: así es la iglesia en la que queda la huella de esta orden religiosa en Grado

Paula Tamargo

Paula Tamargo

Paula Tamargo

San Juan de Villapañada (Grado)

La iglesia de San Juan de Villapañada y su entorno es lugar con mucha historia, protagonista de relatos apasionantes de lo que fue la vida allí siglos atrás. El moscón Álvaro Valdés es quien probablemente más haya investigado y escrito sobre los avatares de esta zona rural de Grado que en su día fue sede de un Hospital de Peregrinos de la Orden de San Juan de Jerusalén, que más tarde se conoció también como la de los Caballeros de Malta.

La localidad, que hoy sigue siendo paso continuado de peregrinos y de hecho cuenta con un albergue para ellos, es punto de parada y descanso de la ruta interior del Camino Primitivo de Santiago, se localiza a mitad de camino entre la villa de Grado y los altos de Cabruñana y El Fresno, tal y como describe Valdés en sus trabajos publicados sobre esta zona. Pero, ¿cuándo y cómo llegaron los Caballeros de la Orden de Malta a este lugar?

Recuerda Valdés que Álvaro Fernández Miranda, escritor y político, en su obra “Grado y su concejo” establece en 1450 la constitución de San Juan de Villapañada como Jurisdicción, señorío, priorato y Encomienda de esta Orden. "Otro documento, fecha su constitución como anterior así: “María Peláyz, freira de San Juan de Leñapañada hace una donación a Guillermo Pérez, en el año 1305”, y hay incluso una mención más antigua, que se remonta a un documento de 1229, recopila este autor moscón, que cuenta con varias publicaciones sobre San Juan de Villapañada.

"Terrenos yermos en los siglos medios"

Cuenta Valdés que San Juan de Villapañada era "lugar inhabitado" y que "yermos estos terrenos en los siglos medios, obligado y peligroso paso de los peregrinos que se dirigían hacia Santiago, fue ocupado por la Orden de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, movidos de cristiana caridad y cumpliendo sus estatutos fundaron un Hospital y Monasterio en este lugar".

Por ello, añade, tuvo ese principio de hospital de peregrinos "con obligación de hospedarlos y alimentarlos". Y a partir de él se fundó un convento de monjas, "sujetas a la religión de San Juan", que "traían hábito, tenían su Prior que les administraba los sacramentos y decía Misa, y un freire que administraba las rentas". Pero el lugar era tan peligroso, plagado de malhechores por lo solitario y alejado de otros núcleos, que las religiosas acabaron siendo trasladadas a Valladolid. Después se intentó atraer población a la zona.

Vista de la iglesia.

Vista de la iglesia. / Paula Tamargo

Álvaro Valdés reproduce así en una de sus publicaciones sobre San Juan de Villapañada el relato sobre el episodio de la marcha de las monjas y lo que sucedió a continuación:

"Pareciéndole a la Religión y a sus visitadores el sitio solitario y más indeciso de lo que se requería, mandó un Capítulo provincial trasladar a Tordesillas, cerca de Valladolid, quedando el Monasterio sólo y aforado.

La Religión de San Juan mandó al Prior y freire que a la sazón tenían dichas monjas que se diesen dentro de caba y gozasen de la potestad para tener las monjas y que de cada año que viniese pudiesen aforar perpetuamente a los que quisieran venir a poblar estas tierras.

Y asimismo se les adjudicó todos los diezmos y emolumentos que tuviesen. Y que la autoridad que tenían la Abadesa y las monjas la tuviese dicho Prior en dicha Jurisdicción, nombrando Alcalde Mayor, Juez ordinario, Alcalde de la Hermandad, Regidor y demás oficios.

Pero esta misión también fracasó, pues los peligros no cesaban y acabaron por abandonar estas tierras.

El Gran Maestre de la Orden siguió en su empeño y se propuso poblar este páramo, reducirlo a cultivo y para ello trataron de aforar la tierra, con un pequeño impuesto, para lo que aquí se vinieran a vivir.

Regresaron el prior y los freires y poco a poco el lugar comienza a adquirir vida, llegando gente desde lejanas localidades y poco a poco el yermo se transformó en terreno cultivable.

El lugar era regido por el Prior, más adelante el Prior sería también Comendador.

Unos rigieron estas tierras de conformidad al pueblo y algunos otros a punto estuvieron de acabar con él, como fue el caso de Fr. Nicolás de Ortúzar que allá por el año 1770 casi deja otra vez despoblado el lugar.

Maltrataba a sus vasallos con torturas y prisiones, para tratar de arrebatarles sus tierras. Lucharon aquellas gentes contra esta injusticia y pidieron auxilio al rey Carlos IV, el cual oyó sus quejas y les dio la razón, quedando el lugar tranquilo por unos años.

La horca en la Sierra de Santamarina pregonaba la crueldad de estos Comendadores. Hoy todavía se conoce el lugar como Pico de la Forca".

Detalle del campanario del templo.

Detalle del campanario del templo. / Paula Tamargo

La iglesia de San Juan de Villapañada, conservada por los feligreses, mantiene algunos símbolos de la presencia de esta orden en la zona. Si se visita, se comprende bien lo aislado y solitario que debió estar en aquel tiempo de la Orden de Malta en el que los caminos de la zona eran frecuentados por malhechores.

Un buen momento para hacerlo es la próxima fiesta de los Aguilandeiros de San Xuan, el próximo sábado, 20 de diciembre. Los actos de esta mazcarada de la localidad moscona se inician a las diez de la mañana en el entorno del albergue y el templo.

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