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Mazcarada de diversión en Grado: los aguilandeiros de San Xuan de Villapañada cumplen la tradición (con recado para Koldo y sus longanizas)

"El diablu", la "dama ya´l galán", "l'osu ya´l amo", el cura, los vieyos, los maragatos, el escobón, la cenicera y "el médicu", entre otros personajes, desfilaron por los pueblos aupados en tractores

Los Aguilanderios de San Xuan de Villapañada reparten ceniza y buen humor para pedir el aguinaldo navideño

Luján Palacios

Luján Palacios

Luján Palacios

San Xuan de Villapañada (Grado)

Pura García esperaba visita este sábado. Y no una cualquiera. "El diablu", la "dama ya´l galán", "l'osu ya´l amo", el cura, los vieyos, los maragatos, el escobón, la cenicera y "el médicu", entre otros personajes, desfilaron ante su puerta en la aldea de El Casoriu, en Grado, para pedir el aguinaldo navideño y sembrar un pequeño caos a su paso.

Son los Aguilandeiros de Villapañada, un cortejo de singulares seres mazcarados recuperados de la memoria de antaño por Xosé Antón Ambás y Ramsés Illesies, artífices del Archivo de la Tradición Oral de Ambás. Gracias a ellos ya van once años de colorido (y algo gamberro) recorrido por los pueblos de la zona, con salida del Albergue de Peregrinos de San Xuan de Villapañada.

“Presta mucho que se mantenga, me gusta que vengan a verme”, explicaba Pura tras la actuación del cortejo ante su vivienda, Casa Andrés, que “era mi marido, sabía mucho de esta tradición y se la contó a ellos para que la recuperaran”.

Una labor que tiene sus frutos, porque si hay numerosos personajes, el público cada año es más nutrido, con visitantes que llegan a Grado desde puntos tan distantes como Soria para vivir la experiencia en primera persona.

Un viaje que parte de San Xuan con todos los mazcaritos dispuestos a sembrar las risas y las trastadas. Un buen baño de ceniza, pellizcos, pelos revueltos y gorros que salen disparados, zapatillas voladoras, puñados de hierba y escobazos a diestro y siniestro para recordar a los vecinos que “somos los Aguilandeiros, y lo que queremos son bonos dineiros”. Y que este año “poca longaniza tenemos, se la llevó toda Koldo”.

Aupados en sendos tractores con remolque, mazcarados y público se movieron durante toda la mañana por los pueblos para llenarlos de música y pequeñas gamberradas, con cada vez más gente sumándose a la comparsa y los vecinos asomados a las ventanas para ver bailes y abrazos del osu, toda una fiera que va por libre para pillar al respetable desprevenido.

Los más pequeños pudieron hasta viajar en carretilla, transportados por los mazcaraos y entre bailes, pitanzas en cada quintana y lluvia de cenizas para todos, con vecinos que esperan con alegría la llegada de los mazcaraos y como continuación a "un ‘boom’ en la recuperación de las mazcaradas, y no solo en Asturias", apuntaba recientemente Xosé Ambás. La zona del Noroeste de España es especialmente rica en este sentido, y la de Grado, como el resto, está vinculada a la tradición del solsticio de invierno en lo que no deja de ser "una representación de la lucha entre el bien y el mal a través de esos personajes".

El recorrido finalizó donde partió: en el campo de la iglesia de San Xuan de Villapañada, donde cada año se instala una carpa padra disfrutar de una comida de hermandad que ya se va quedando pequeña para la multitud que concita este encuentro: el de la tradición de los pueblos que sobrevive y coge músculo de la mano de un grupo de entusiastas.

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