El antiguo hotel Narcea de Grado se reformará para acoger un centro terapéutico de una empresa instalada en La Cardosa
La firma Ginesta, que lleva tres años en el centro municipal del polígono, amplía sus espacios tras el éxito de su proyecto en un entorno tranquilo y con apoyo vecinal

Reunión de los especialistas de Ginesta en La Cardosa, por la izquierda, Alejandro Carrasco, Sara Fernández, Adrián Ortego, Lara Fernández y Ariadna Monge. / Sara Arias
Ginesta es el nombre en catalán de una flor que crece incluso en las grietas para florecer con unos espectaculares pétalos amarillos. Lo hace, pese a la adversidad, con la fuerza y la determinación de las personas que se recuperan con terapia de una adicción. Por eso ha sido la denominación elegida por el centro de psicología especializado en desintoxicación de Grado, que después de tres años de actividad en las oficinas municipales La Cardosa y de la gestión de tres pisos semitutelados, van a ampliar sus instalaciones con la rehabilitación del edificio del antiguo Hotel Narcea como espacio terapéutico.
"Empezamos en septiembre del año pasado con la obra y estamos muy ilusionados. En la planta baja vamos a tener oficinas, una sala polivalente y una zona adaptada para personas con movilidad reducida; arriba habrá diez habitaciones para un máximo de 14 personas", explica Adrián Ortego Cuetos, gerente de Ginesta junto a su esposa, la psicóloga Lurdes García Casanova.
La elección de Grado para abrir el centro terapéutico no fue al azar. Los impulsores buscaban un lugar ubicado en la zona tranquila, con acceso a servicios públicos deportivos y culturales: "No solo por tener la naturaleza cerca, si no porque en las áreas rurales hay menos estímulos que en la ciudad y los podemos proteger más", explica Ortego, quien hace especial hincapié en el apoyo que reciben de los vecinos del concejo.

Adrián Ortego Cuetos, en el centro empresarial La Cardosa. / Sara Arias
En Ginesta aplican la terapia cognitivo-conductual con los pacientes con el objetivo de cambiar el comportamiento compulsivo relacionado con la adicción. La idea es crear referentes nuevos en una vida sin consumo, "se les enseña a vivir de otra manera para que tengan recursos cuando vuelvan a sus vidas, que puedan tener una vida en la que la droga no está", señala.
Adicciones a sustancias y comportamientos
Las adicciones, explica, pueden ser a sustancias como la cocaína o benzodiazepinas o a comportamientos como las compras compulsivas, la ludopatía o la adicción al sexo. "La adicción puede afectar a cualquier persona, de cualquier clase social", advierte. Por ello, en Ginesta aplican una visión global con profesionales de la psicología, la psiquiatría, así como trabajadores y educadores sociales que trabajan por la recuperación de 20 pacientes, de los que 12 están en régimen semitutelado en tres viviendas de las que disponen en la villa.

En el centro, la gerente y psicóloga de Ginesta, Lurdes García Casanova, a los lados, Alejandro Carrasco y Adrián Ortego. / C. G.
El tratamiento al que se somenten en Grado consta de cuatro fases. La primera, entre dos y tres meses, en régimen cerrado es la desintoxicación. Este primer proceso lo realizan en centros colaboradores y, de ahí, la iniciativa de reformar el Hotel Narcea, para poder dar también este servicio con el que empieza el proceso de recuperación. "Después llegan aquí a las viviendas de apoyo terapéutico para iniciar la deshabituación, son como un centro de día donde tienen monitores", comenta.
Rutinas y horarios
El día a día está muy reglado. Madrugan, hacen tareas de casa y van al gimnasio. Después bajan caminando a La Cardosa, donde desarrollan talleres y terapias grupales e individuales. Y cada día tienen un momento para hacer la llamada pauta "con actividades que sirven para poner el foco de atención en cosas sencillas como dibujar, leer o hacer pasatiempos, es una manera de entrenar al cerebro para que no preste atención a los pensamientos de consumo".

Lara Fernández y Ariadna Monge, en plena preparación de las actividades. / Sara Arias
La rutina cambia los fines de semana. Mantienen el deporte y las terapias por la mañana, pero las tardes las dedican a ver películas sobre adicciones que luego comentan en un cineforum. Es uno de los momentos en los que mejor se ve la evolución de los pacientes dado que hay pocas cintas de esta temática y hacen revisionados. "Al principio ves que les gustan, pero a medida que cambian van generando cierto rechazo", dice Ortego. También van al cine y a hacer rutas de senderismo.
Además, a lo largo del año se dan varios momentos críticos para los pacientes, los relacionados con las fiestas populares que se celebran en la villa moscona. En esos días organizan salidas como hacer varias etapas del Camino de Santiago o acampar en una finca que tienen en playa España, en Villaviciosa. Todo con tal de apartar a los usuarios de los potenciales deseos de consumo, muy vinculado en algunas drogas a las salidas. "El adicto no es el que consume, es el que no puede dejar de consumir", aprecia.
Rehabilitación y alta
El objetivo de estos hábitos es la resinsercción, que puedan volver a sus vidas sin la esclavitud del consumo. Se trata de un proceso que depende de cada persona y los profesionales van evaluando su logros hasta convenir un alta terapéutica. Durante este período, en el que regresan a casa deben seguir acudiendo al centro para hacer terapia sobre gestión de emociones y para controlar las ganas o ideas de consumo.

Los profesionales de Ginesta, Alejandro Carrasco y Sara Fernández, en la oficina de La Cardosa. / Sara Arias
"Vivir es sentir y lo que buscamos es que aprendan a tener una vida sencilla con nuevos referentes y sin consumo. Les enseñamos a vivir de otra manera y con otros recursos, una vida en la que la droga no está. Y la persona que haga la terapia entera va a conseguir un alta y siempre tendrá aquí un grupo de protección en caso de que lo necesite", sostiene el gerente de Ginesta, quien precisa que hay un alto porcentaje de abandono durante el tratamiento.
Pero también buenas tasas de éxito para los que completan el proceso, que tiene una duración mínima de dos años. "Si la persona lo acaba tiene un 90% de éxito hasta los 3 años y del 80% en cinco años", celebra Ortego. Además, en esta recuperación son claves tres aspectos: la familia, el trabajo y la pareja si se tiene. "Si pierdes el trabajo, por ejemplo, puedes reforzar la idea de consumir, por eso son tan importantes estos pilares", añade.
En esta rehabilitación Grado está jugando un papel importante. A su ambiente natural, buenos servicios y comunicaciones, se suman sus vecinos que "nos ayudan muchísimo, nos sentimos muy arropados, con especial mención al ambulatorio, estamos haciendo una labor maravillosa y cambiando la perspectiva de los que son las adicciones". Un entorno rural en el que los pacientes, al igual que los brotes verdes de ginesta, puedan crecer con fuertes raíces y coloridos petálos.
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