El escritor moscón Pablo González García presentará en la Feria del Libro de Oviedo "Los que hicieron el mundo": "Hay mucha reflexión sobre el mero hecho de dudar"
El autor explora en sus cuentos temas claves de la literatura universal como el amor o la injusticia y reflexiona sobre qué es la buena vida

Pablo González García en la plaza Eliseo Nicolás Maestro Azabachero de Grado. / Sara Arias
"Hay mucha reflexión sobre el mero hecho de dudar y plantearse esas preguntas un poco más profundas sobre la vida", dice el moscón Pablo González García "Blin" sobre su primer libro "Los que hicieron el mundo", que ha presentado ya en Grado y llevará en mayo a la Feria del Libro de Oviedo. Se trata de una selección de 18 cuentos para adultos en los que plantea algunos de los grandes temas de la literatura universal como el amor, la injusticia, el miedo a la muerte, la soledad o qué es la buena vida.
"Intenté plantear los grandes interrogantes del ser humano en el libro desde la perspectiva que yo conozco, que es el mundo rural. Crecí en el Grado de los 90 que era totalmente rural, aunque también tenía una parte de urbano y yo, siendo primera generación en la villa, viniendo mis padres de aldeas, tenía una perspectiva diferente porque no era ni de un sitio ni de otro. Es algo curioso que en Grado se marca mucho. Esa diferencia entre los villanos, que viven en el centro, y la gente 'de fuera' que vive en los ensanches de arriba como La Cruz", afirma González, nacido en 1985 e ingeniero técnico de telecomunicaciones de profesión.
A González siempre le ha gustado leer. No es raro verle en la cola del autobús o caminando por la villa moscona mientras lee un libro y esa pulsión por la escritura comenzó a gestarse hace años durante un período en el que vivió en Estados Unidos. Disponía de tiempo libre y la creatividad artística que había cultivado con la música durante años le dejaba un vacío que pesaba. Es gaitero y también bajista en el grupo de punk "The New Ones", así que la falta del arte sonoro le puso a escribir.
Comienzos con lápiz
"La literatura tiene una cosa muy sencilla, no necesitas nada más que un lapicero y un papel. Era un trabajo bastante solitario que en aquel momento me encajaba y empecé a escribir", recuerda. Ese tiempo fue muy reflexivo para González "porque en el día a día vas en modo automático y eso te evita pensar en cosas de calado". Publicó varios artículos en medios de comunicación y comenzó con los cuentos. Al principio "como un mal imitador de Galeano" y luego, más relajado, tomó su propia voz: "Tiene esa manera de escribir que cometes el error de pensar que es fácil hacer eso", añade.
Entonces le pasó algunos textos a su colega Andrés Moutas, que le dio el empujón definitivo para escribir un libro: "Siempre necesitas un amigo que sea buen lector, porque cuando uno escribe piensa que eso no le va a gustar a nadie y cuando se lo das a alguien que te lee y te dice: 'me encanta', es cuando realmente crees que eso tiene una forma". Y durante los últimos años ha estado escribiendo estas historias buscando tiempo entre el trabajo y la familia hasta concluir "Los que hicieron el mundo", editado por Cuadranta y con prólogo de Marcelo García, del colectivo "Más Madera".
El concepto rural
El libro está impregnado del ambiente rural y su idiosincrasia. De hecho, González defiende la idea de literatura rural con orgullo pero huye del concepto de neoruralismo "porque plantea una dicotomía inexistente y errónea porque muestra la aldea como una especie de Arcadia. Es algo que viene de muy atrás, ya lo planteaba Palacio Valdés en 'La aldea perdida', pero la aldea puede ser durísima en muchos sentidos". La misma portada ya lo revela con una reproducción fotográfica de Marcos Morilla y el Museo de Bellas Artes de Asturias del cuadro "Acarreando heno" de Evaristo Valle, en el que se aprecia a un hombre con un cargamento al hombro y una tormenta que se avecina.
"Los que hicieron el mundo" también recoge un relato en el que González ahonda sobre los obreros mixtos, campesinos que fueron a trabajar a las fábricas y minas con la llegada de la industrialización. "Hubo cierta resistencia porque le decían al campesino, 'deja el campo que te damos casa' dependiendo así por completo del salario; pero el campesino decía, 'para, para, que yo sé semar y no me debo a vida o muerte al patrón'. La gente no quería dejar la casería porque lo otro se podía ir al carajo", comenta. Este fenómeno se dio con fuerza en Grado y González lo plantea de forma muy interesante con una reflexión sobre el progreso.
También hay otro cuento en el que el autor moscón plantea qué es la buena vida. Para él, lo es la duda de la que reconoce hacer "apología" en sus cuentos: "Creo que a lo que podemos aspirar es a hacernos esa pregunta bastantes veces y tratar de responder con sinceridad porque si no te haces esa pregunta de vez en cuando e intentas reflexionar con profundidad sobre ello, corres el riesgo de que el mercado va a tener una respuesta porque tiene soluciones para todo", concluye.
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