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Pilar Pardo mecanografía ahora la historia de un negocio emblemático en Grado: "Hoy todo pasa por un teclado"

Toma el relevo de su madre en la Academia Mary, con más de 35 años de trayectoria, por la que han pasado varias generaciones de moscones

Pilar Pardo, responsable de la Academia Mary, con su madre, Mary Argüelles, en el centro.

Pilar Pardo, responsable de la Academia Mary, con su madre, Mary Argüelles, en el centro. / R. P. T.

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Paula Tamargo

Paula Tamargo

Grado

Fue una iniciativa innovadora en su época, cuando ni en Grado ni en la comarca había algo similar. Mary Argüelles Huerta emprendió a comienzos de la década de los noventa un negocio que ha sido emblema en la villa moscona, que formó en mecanografía e informática a muchas generaciones de alumnos, las que pasaron por sus manos durante nada menos que 35 años. Ahora su hija, Pilar Pardo Argüelles, toma el relevo con la enseñanza de una disciplina que, lejos de quedar obsoleta, sigue siendo una destreza clave en la actualidad.

"Hoy en día todo pasa por un teclado: estudios, oposiciones, trabajos… En un entorno cada vez más digitalizado, dominar el teclado ya no es una habilidad complementaria, sino una competencia básica", explica Pilar Pardo. En efecto, la actividad con la que comenzó su madre fue novedosa en la villa en su momento, pero sigue siendo, más de tres décadas después, un servicio con alta demanda en el mundo de los grandes avances tecnológicos.

Por ello, y por otra serie de características que reúne la propuesta de esta emprendedora moscona, el suyo fue uno de los proyectos seleccionados para contar con el apoyo de fondos europeos Leader del Grupo de Desarrollo Rural Camín Real de la Mesa en la última tanda de las ayudas concedidas, que se dieron a conocer recientemente.

Primera de su tipo en la comarca

"En su momento fue la primera academia de este tipo en gran parte de la comarca. Venía gente de muchos concejos cercanos como Belmonte, Las Regueras, Salas e incluso Oviedo, porque no era habitual encontrar un centro especializado en mecanografía e informática. Actualmente no existe otra academia especializada en mecanografía en la comarca. Y seguir con ella creo que también es una manera de contribuir a mantener el comercio local, el desarrollo rural y apostar por el emprendimiento joven en la zona", explica Pilar Pardo.

El centro prepara principalmente en mecanografía e informática. "Trabajamos desde la base: teclado, velocidad y correcta colocación de los dedos, hasta herramientas como Word, Excel, PowerPoint, Internet, Windows o correo electrónico", indica. Además, los alumnos pueden presentarse a los exámenes oficiales del Tribunal de Madrid, que son puntuables y tienen validez académica y profesional. Esta academia se distingue además por ser el único centro de Asturias al que se desplaza este Tribunal para realizar las pruebas, y el próximo mes de junio volverán a la academia para examinar a los alumnos.

Pilar Pardo, en la academia.

Pilar Pardo, en la academia. / R. P. T.

Pilar Pardo creció en la academia, viendo a su madre trabajar. "Siempre formó parte de mi vida y sentía que debía continuar con ese proyecto y adaptarlo a los tiempos actuales", comenta la ya titular de la academia con la que un día Mary Argüelles también dio el paso de emprender como ahora lo ha dado su hija. "Para mí, esta academia no es solo un negocio, es parte de mi vida. He crecido viendo a mi madre enseñar, ayudar y acompañar a cientos de alumnos", comentar Pilar Pardo.

Una de las cosas más bonitas para Pilar "es ver cómo antiguos alumnos vuelven años después con sus hijos", algo que "demuestra la confianza que la gente sigue teniendo en la academia". Los padres que fueron alumnos recuerdan las antiguas máquinas de escribir Olivetti, hoy expuestas en las estanterías. "Muchos niños se quedan sorprendidos cuando las ven, ni siquiera sabían que antes se escribía así. Se sorprenden cuando les contamos que antes no existía la tecla de borrar y que si te equivocabas había que volver a empezar. Les hace mucha gracia saber que para cambiar de línea no había tecla ‘intro’, sino una palanca que movía el carro de la máquina. Se ríen al saber que si no colocabas bien los dedos, podía quedarte un dedo atrapado entre las teclas… Además de preguntarnos cómo podíamos escribir con todo aquel ruido", cuenta Pilar Pardo.

Mary Argüelles, con antiguas máquinas de escribir.

Mary Argüelles, con antiguas máquinas de escribir. / R. P. T.

"Durante décadas, mi madre fue el alma de la academia, construyendo una trayectoria profesional basada en la confianza, el compromiso y la cercanía. Gracias a su dedicación, se ganó el respeto y el cariño de cientos de alumnos y sus familias, muchos de los cuales siguen vinculados hoy en día al centro. Intento mantener esa cercanía y esa confianza que siempre caracterizaron a la academia, pero adaptándola también a los tiempos actuales", añade Pilar.

Mantiene el nombre original, Academia Mary, tal y como lo tenía su madre, "conservando así la identidad con la que siempre ha sido conocida" y esta nueva etapa viene acompañada de una importante reforma del centro, que incluye la modernización de las instalaciones y la renovación de los equipos informáticos, una inversión que en parte ha tenido el apoyo de los Leader.

Interior de la academia.

Interior de la academia. / R. P. T.

El proyecto se distingue también de otras iniciativas en que la labor formativa que desarrolla Pilar Pardo se extiende fuera de la academia, a través de actividades extraescolares en colegios de la zona como Grado o zonas más rurales como la localidad moscona de La Mata o la candamina de Grullos. Se acerca así la posibilidad de obtener estas competencias digitales a los más pequeños. Llama la atención, explica Pilar, la rapidez con la que aprenden: "Los niños son como esponjas: en apenas un mes ya están escribiendo sin mirar el teclado, algo que les aporta una gran ventaja de cara al futuro".

La Academia Mary tiene mucha historia. Y para seguir. "Es una ilusión enorme continuar algo que ha significado tanto para mi familia y para tanta gente que sigue confiando en nosotros", concluye Pilar Pardo.

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