Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

"Fleitas", treinta años de pinchos y cercanía en la cafetería del IES Ramón Areces de Grado: "Lo mejor son las amistades que he hecho"

Manuel Ángel Suárez Fernández lleva desde 1994 al frente de la cantina, donde ha conocido a muchas generaciones de moscones y ha visto la "evolución natural de la sociedad a través de los jóvenes"

Manuel Ángel Suárez Fernández "Fleitas" con una bandeja de los famosos pinchos de pollo, en la cafetería del Ramón Areces.

Manuel Ángel Suárez Fernández "Fleitas" con una bandeja de los famosos pinchos de pollo, en la cafetería del Ramón Areces. / Sara Arias

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Grado

Si hay algo que no cambiado en el Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) Ramón Areces de Grado en las últimas tres décadas son los pinchos del recreo. Manuel Ángel Suárez Fernández, más conocido como "Fleitas", lleva desde 1994 dando el tentempié al alumnado, a docentes y trabajadores del centro educativo, por donde han pasado muchas generaciones que han dado cuenta de los deliciosos bocadillos que se elaboran cada mañana en la cocina.

"Lo que tiene esta cafetería y su idiosincrasia es que cambian las personas, los alumnos, profesores, limpiadoras y conserjes, pero seguimos ofreciendo los mismos pinchos de siempre, de pollo, tortilla, san jacobo, vegetal y de lomo. Aunque sin duda el favorito es siempre el de pollo, si hacemos 100 pinchos, 40 son de pollo", señala Suárez, una persona muy querida por varias generaciones de moscones que pasaron por las aulas del Ramón Areces.

A las 11.15 horas suena la sirena y los estudiantes bajan en masa a por su pincho, con carreras y colas en el pasillo que auguran hambre de media mañana: "Se monta el follón y luego ya vienen los profesores". Los pinchos que ofrecen cada mañana del curso son los mismos desde hace más de tres décadas, pero desde 2016, debido a una normativa autonómica de las consejerías de Salud y Educación, no pueden incluir salsas como la mahonesa.

"Sufrimos un poco porque pusieron coto a los azúcares y grasas, están muy limitados, entonces tampoco tenemos ya chucherías", señala Suárez, quien vendía los míticos caramelos "cuba-libre", "dos por 5 céntimos de euro", los bolones de chicle, morenitos o los flashes de hielo que ayudaban a los alumnos a bajar la temperatura en los meses de calor. "En tanto tiempo cambió todo mucho", señala.

Tres décadas

Suárez accedió a la concesión pública de la cafetería en el curso 1994-1995, cuando tenía 31 años y un negocio hostelero en la villa moscona, El Bodegón. "Se iba a jubilar Olga que era la mujer que lo había llevado hasta ese momento, concursamos y nos tocó", recuerda. Al año siguiente se incorporó su mujer, María Jesús Cañedo Álvarez, también muy querida por la comunidad educativa, quien estuvo algo más de una década en la cocina de la cafetería hasta que tomó las riendas de la cantina del centro de día. "También estuvo con nosotros 11 años Manolita García, que fue una compañera estupenda", añade.

Han sido tres décadas en las que Suárez ha visto cambiar la sociedad a través de los estudiantes. "Al principio eran alumnos de Formación Profesional, gente más mayor, pero con la entrada de la ESO (Educación Secundaria Obligatoria), cambió todo. De repente teníamos niños pequeños, pasó a ser medio cole", comenta. Fue un período "de adaptación", pues el centro cambió por completo su día a día con la llegada de adolescentes de 12 y 13 años.

De estos años dice que "lo mejor ha sido la calidad de las relaciones humanas, hay muchas personas con las que hice amistad, no sé, Carlos Argüelles, Ángel el de Inglés... Son muchos y no querría dejar a nadie sin nombrar", reconoce. Siempre se ha llevado muy bien con todos los empleados del centro, sus compañeros de trabajo. "La verdad es que siempre tuve muy buena relación con todos, también con los cinco equipos directivos que pasaron por aquí, Prada, Blanca, Viti, Marisa y ahora Antón... Con todos me llevé a tope de bien y nunca tuve un problema",explica.

Tablón de recuerdos

En el "tablón de recuerdos" que tiene en la cafetería, lleno de fotos, escritos, cartas y detalles de alumnos y profesores que han pasado por allí, tiene una imagen del que fuera director del instituto hasta su repentino fallecimiento en 2014, Javier Prada, a quien guarda un cariño especial. "Fuimos muy amigos, fue una persona de sobra conocida en Grado, le recuerdo cómo era de extrovertido, con un carácter extraordinario", subraya.

Con los estudiantes las relaciones han sido muy buenas "en un ambiente sano". "En cualquier sitio que me ven en la calle me saludan y saben que aquí tienen una persona que, si un día por lo que sea no trae el dinero, ya pagarán otro día. Eso ellos lo saben", dice. Pese a poner a todo el mundo firme en la cola de la cafetería, "Fleitas" es una de las personas más queridas de la comunidad educativa.

El trato con los jóvenes le ha permitido "ser consciente de la evolución de la sociedad, cómo cambia la juventud por generaciones, ver esos cambios sociales, naturales, es una de las cosas que me llevo". Le queda muy poco para jubilarse, a finales de año, pero el enganche "sentimental" que tiene con la cafetería del Ramón Areces le está haciendo valorar la posibilidad de continuar unos años más, hasta que sea el turno de retiro de su mujer, que es 5 años más joven: "Lo estoy valorando porque sigue habiendo tan buen ambiente que me lo tengo que pensar".

Todo parece indicar que en el Ramón Areces seguirán triunfando los pinchos de pollo unos cursos más.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents