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La muestra F8-I2 de la fosa de El Rellán, en Grado, se llama José Arias Valdés: "Perdonas, pero si no encuentras los cuerpos de los tuyos no olvidas"

Los familiares han recuperado los restos mortales y una hebilla del abuelo desaparecido en la represión franquista, identificado ahora con una muestra de ADN

La muestra F8-I2 de los cuerpos exhumados en la fosa de El Rellán, en Grado, que tiene nombre, José Arias Valdés: "Personas pero si no los encuentras no olvidas"

Sara Arias

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Sama de Grado

El vecino de Sama de Grado José Arias Valdés era hasta hace 15 días un desaparecido de la represión franquista en el concejo. Pero una carta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) lo cambió todo. La muestra F8-I2 de los cuerpos exhumados en la fosa de El Rellán coincide genéticamente con sus descendientes. Ha sido una de las dos únicas personas cuyos restos han podido ser reconocidos mediante ADN de los 61 cuerpos que se hallaron debido al mal estado de los cadáveres. Las familias de las dos víctimas identificadas han optado por enterrar a sus ancestros en la intimidad y los 59 restantes recibieron sepultura el pasado sábado en el espacio Memoria y Dignidad creado por el Ayuntamiento en el cementerio municipal.

"Tengo una sensación agridulce porque, por un lado, siento el alivio de que por fin los sacaron de la zanja, que tampoco teníamos seguridad de que estuviese ahí, y ahora con las identificaciones nos queda un poco de mal sabor de boca porque faltan los demás. Pero ahora que tenemos los restos con nosotros también tengo satisfacción porque fueron muchos años de silencio, callados, sin saber dónde estaba y ahora podremos darle digna sepultura", dice Olegario Arias Martínez, nieto por vía paterna de José Arias Valdés.

Arias Valdés era trabajador de la Fábrica de Armas de Trubia, en Oviedo, era socialista y tenía el carné como sindicalista de UGT. Fue desaparecido junto a un hijo, de alrededor de unos 20 años, Francisco Arias Rodríguez, del que desconocen su paradero. "Yo nunca supe qué les pasó porque me críe más en la casa de mi abuela materna, mi padre no me contó nada y, además, eso no se hablaba porque podías tener muchas represalias", señala.

Lo único que le contó su padre de la represión franquista fue el recuerdo de un vecino al que unos falangistas le pegaban en las uñas de los pies. Fue muchos años después, ya en democracia, cuando tuvo más conocimiento de los hechos acaecidos en su casa tras el final de la Guerra Civil y que concluyeron con la desaparición de su abuelo, de su tío pequeño y la fuga al monte y posterior exilio a México de su tío Manuel, que era maestro.

"Tengo una prima que sabía mucho más porque su madre, Luzdivina, era la mayor de los hijos de José Arias Valdés y me contó que mi tía nunca podía pasar por la acera del chalet de Patallo en Grado porque sabía que los habían tenido ahí y luego los llevaron al Bailache, aunque también los fusilaban en Las Regueras. Donde fuera para que no los encontrasen", afirma.

En la imagen de la izquierda, José Arias Valdés; a la derecha, su hijo, Francisco Arias Rodríguez.

En la imagen de la izquierda, José Arias Valdés; a la derecha, su hijo, Francisco Arias Rodríguez. / R. S. A.

La confirmación de que la muestra F8-I2 corresponde a José Arias Valdés y no a su hijo Francisco viene dada por el examen antropológico de los restos, que descartan que sean compatibles con un joven y sí ratifican que pertenecen a un varón adulto. Por aquel entonces tenía unos 58 años: "Lo consiguieron diferenciar por los huesos, por eso me queda ahora la cosa de encontrarlo", señala el nieto.

Entierro con los primos de México

Los restos del abuelo paterno reposan en casa y entre ellos se encuentra la hebilla de su cinturón. Un recuerdo que guardarán como oro en paño. El entierro será la próxima semana, cuando lleguen los descendientes del tío exiliado en México, Manuel, y procedan todos juntos a dar digna sepultura al abuelo en el cementerio parroquial de Sama. "Cuando hablé con mi prima Beatriz para decirle que habíamos encontrado al abuelo no podía parar de llorar, tuvo que colgar", recuerda Arias con lágrimas en los ojos. "Me emociono todavía ahora", apostilla.

La hebilla del cinturón de José Arias Valdés, incluida con los restos mortales.

La hebilla del cinturón de José Arias Valdés, incluida con los restos mortales. / Sara Arias

Su prima es Beatriz Arias Álvarez, una prestigiosa filóloga mexicana de origen asturiano que es premio de la Real Academia Española de 2015 y recibió en 2016 el "Moscón de Oro" nacional-internacional que otorga la Asociación "Amigos de Grado". "Van a venir para la semana que viene para el entierro, ya hablé con el cura y me dijo que no había ningún problema, va a ser un día de alegría pero duro", estima Arias, quien es padre de la concejala del PSOE en la Corporación moscona, Patricia Arias.

Tras la ceremonia de sepultura del pasado sábado en el cementerio de Grado, Arias ha recibido algún comentario que no le ha gustado nada. Han sido dos personas las que le han cuestionado el porqué sacar los cuerpos de la fosa e identificarlos: "Por el dolor que sentimos, puedes perdonar pero si no los encuentras nunca olvidas y esto es una forma de poder hacerlo, de cerrar una herida que está abierta, no de abrirla", asegura.

La familia despedirá a José Arias Valdés como siempre mereció y seguirá buscando los restos de Francisco Arias Rodríguez para dar por suturada una pena que supura desde hace 90 años.

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