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Fernando Beltrán: "‘Ensamble’ es una experiencia contada de 37 años de trabajo compartido"

"La muestra completa es una suma muy hermosa, pero basta con que en una esquinita sea útil para tu vida", afirma el poeta sobre la muestra que presenta en Segovia junto al diseñador gráfico Pep Carrió

Fernando Beltrán (izquierda), y su amigo el diseñador gráfico Pep Carrió.  |

Fernando Beltrán (izquierda), y su amigo el diseñador gráfico Pep Carrió. |

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Oviedo

Durante casi cuatro décadas, el poeta y nombrador Fernando Beltrán, "hijo adoptivo" de Grado, y el diseñador gráfico Pep Carrió han construido una conversación artística en la que las palabras dan paso a las imágenes y las imágenes devuelven nuevos significados a los versos. Esa colaboración toma forma ahora en "Ensamble", la exposición que acoge el Palacio Quintanar de Segovia y que reúne piezas creadas a lo largo de 37 años de trabajo compartido hasta el próximo 12 de octubre. Más que una retrospectiva, la muestra propone una experiencia inmersiva en la que objetos encontrados, fotografía, poesía y memoria invitan al visitante a perderse en un universo de vocación profundamente poética.

¿En qué consiste la exposición "Ensamble"?

Son 37 años de colaboración continua entre Pep Carrio y yo mismo: Yo desde el mundo de las palabras y Pep Carrió desde el mundo de lo visual, como diseñador gráfico y artista que es. Nos ofrecieron hacer la exposición y para mí fue una sorpresa descubrir la cantidad de colaboraciones que tenemos. Es un laberinto de imágenes y palabras, una atmósfera que notas al entrar en un mundo de fuerte vocación poética. Más que una exposición, es una experiencia contada que nos está dando muchísimas alegrías.

¿Cómo es el proceso creativo entre ambos?

Eso es lo más interesante, creo. Uno está trabajando en algo, y un día se lo enseña al otro y este cogía el relevo, o al revés. Por ejemplo, la sala que se llama Memoria Infinita nació porque yo encontré en un contenedor de Madrid más de 700 negativos fotográficos y decido pasárselos a Pep, que es el artista visual. Él da un paso más y los convierte en una película para exponer sobre un fondo y me los devuelve a mí para que les ponga los poemas. Al final, entre los poemas y los negativos, se convierte en una sala oscura increíble. Para mí, trabajar con Pep ha sido siempre algo maravilloso.

En 40 años se habrá desarrollado mucha confianza. ¿Eso facilita la creación o de alguna forma se pierde la capacidad de sorprenderse mutuamente ?

Lo que hace que esta relación sea hermosa y apasionante es la exigencia, el respeto, y la admiración por el trabajo del otro. Lo que el otro está haciendo siempre va a tener algo que te sorprenda. Se me viene a la cabeza una vez en la que Pep me enseñó una obra hecha con palos de playa en la que había una especie de pipa de la que salía humo y yo le dije: "madre mía, qué futbolista te ha salido ahí". A lo que Pep me decía: "no lo había visto, pero ahora que me lo dijiste no veo otra cosa". Son imágenes que se construyen entre los dos.

Al respecto de su trabajo como "nombrador" de cosas, ¿qué tienen en común un poema con un nombre como puede ser Faunia o Rastreator?

De la poesía se vive, pero no se come. Ambos trabajos, el de poeta y el de nombrador, pertenecen al mundo de las palabras. El poeta tiene que decir mucho en pocas palabras y el nombrador tiene que transmitir valores y atributos también en una sola palabra. Luego son mundos muy distintos, porque cuando escribo un poema digo con mayor o menor fortuna mis propios latidos, y cuando busco un nombre intento reflejar el mundo y la verdad de otros, del que me encarga el trabajo, para el que el nombre puede ser su ilusión. Es meterme en la ilusión de otra persona para intentar darle un nombre.

¿Qué responsabilidad existe detrás de elegir una palabra para algo que no tiene nombre?

Es una responsabilidad, como también lo es escribir un poema o hacer esta exposición que hemos hecho. Al final, cuando das el salto a la exposición pública, porque no nos olvidemos de que una exposición es exponerse uno mismo, siempre hay que ser responsable. Aunque, además, a la hora de nombrar algo, tienes la doble responsabilidad de que alguien tiene puesta toda su ilusión en ese proyecto y tú tienes que dotarlo del mejor nombre posible. Yo siempre digo que los nombradores no son "diosecillos" que van poniendo nombres a las cosas, sino a una matrona que ayuda a nacer a un niño.

¿Qué le gustaría que descubriera el visitante que va a visitar la exposición que no se puede conseguir tan solo leyendo esta entrevista?

Dejarse llevar, perderse por las salas. Me recuerda cuando alguien está leyendo un libro de poemas y te dice que "la poesía le cuesta". No hace falta la poesía, basta con un verso que te cautive. La exposición completa es una suma muy hermosa, pero basta con que en una esquinita sea útil para tu vida o para algún momento de tu vida, como ya ha ocurrido. El arte es, decía Juan de la Cruz, un no sé qué que queda balbuciendo. Pues visitar la exposición es ese no sé qué que queda balbuciendo.

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