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Grado muestra y reivindica la obra de "Coloriano", el artista moscón que nunca quiso exponer

La Casa de Cultura reúne desde este domingo una antológica de Lucindo Álvarez López, creador autodidacta que convirtió la madera y los paisajes asturianos en el centro de una producción artística que mantuvo siempre en el ámbito personal

La imagen de coloriano que figura en el cartel anunciador.

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José A. Ordóñez

José A. Ordóñez

Grado

Grado rinde homenaje a uno de sus creadores más singulares y, al mismo tiempo, menos conocidos. La Casa de Cultura inaugura este domingo la exposición «Raíces de Grado: la obra de Coloriano», una antológica dedicada a Lucindo Álvarez López «Coloriano» (1921-2010), artista autodidacta, tallista y aficionado a la música que vivió toda su vida en la villa moscona y desarrolló una obra que nunca llegó a mostrar públicamente.

La exposición, que podrá visitarse hasta el 30 de este mes de septiembre, recupera ahora una producción artística nacida fundamentalmente del disfrute personal y de la particular relación que Coloriano estableció con la madera. El homenaje se completa con la publicación de un libro-catálogo dedicado a su trayectoria y su obra.

Natural de Villagarcía, Coloriano se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, entonces situada en la calle El Rosal, donde fue alumno de Eugenio Tamayo, maestro al que profesó una profunda admiración. Su actividad profesional estuvo también vinculada a la madera: tuvo un primer negocio de muebles en la calle Magdalena, frente a la iglesia de Grado, y posteriormente una tienda en Calles Nuevas, que regentó junto a su esposa, Azucena. Pero fue fuera de esa actividad profesional donde desarrolló una creación muy personal. No se consideraba un tallista convencional y entendía su trabajo como una conversación con la propia madera. Contaba que era el material el que le indicaba qué debía hacer —«Haz esto»— y él seguía las formas que encontraba en cada pieza, hasta el punto de restarse importancia como autor y atribuir buena parte del resultado a la propia madera.

El paisaje asturiano se convirtió en una fuente permanente de materiales e inspiración. El puerto de Marabio, en Teverga; la costa de Salinas y San Esteban; las montañas de Covadonga o el propio paseo fluvial de Grado están en el origen de algunas de sus piezas. Naturaleza, fauna y formas orgánicas conviven en su producción con figuras mitológicas, elementos de la tradición asturiana y referencias a otras culturas. Coloriano mantuvo una estrecha relación con la música y la poesía. Su curiosidad y su voluntad de aprendizaje marcaron una trayectoria desarrollada lejos de los circuitos artísticos. Nunca expuso sus trabajos. Los hacía para sí mismo, sin perseguir reconocimiento público, una circunstancia que convierte la muestra que ahora organiza Grado en una oportunidad para acercar al público una obra que permaneció durante décadas fundamentalmente en el ámbito privado.

Su talento, sin embargo, ya había sido reconocido durante sus años de formación. En 1947 obtuvo el Premio Macián de talla en madera, correspondiente a la convocatoria 1947-48, y un año después consiguió el Premio Macián de dibujo artístico, en la convocatoria 1948-49.

El homenaje comenzará este domingo a las 12.30 horas en la Capilla de Los Dolores. En el acto de inauguración intervendrán Xosé Antón Fernández Martínez «Ambás»; Virginia Álvarez Martínez, hija del artista; Antón García, director general de Acción Cultural y Normalización Lingüística del Principado; José María González Beovidez, concejal del Ayuntamiento de Grado, y Gustavo Adolfo Fernández, coordinador municipal de Cultura.

La antológica buscí recuperar la figura de un creador que trabajó durante décadas sin buscar escaparates. Su obra quedó ligada a los lugares que recorrió, a la madera que recogía y a aquello que formaba parte de su vida cotidiana. «Sus obras son un claro reflejo de su propia vida, de lo que le rodeaba y de aquello que le hacía feliz. No necesitaba nada más», resume la presentación de la muestra

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