27 de agosto de 2010
27.08.2010
Las guerras en las redes informáticas

EE UU admite que en 2008 el Pentágono fue el objetivo de un ciberataque en masa

Un lápiz de memoria introducido en un portátil en una base de Oriente Medio creó una brecha de seguridad apta para acceder a datos clave

27.08.2010 | 02:00
Robert Gates, secretario de Defensa de Estados Unidos.

Oviedo / Washington

EE UU, sumido en la vorágine abierta por las masivas filtraciones de documentos secretos efectuadas por Wikileaks, admitió ayer por primera vez que en 2008 sus sistemas informáticos militares fueron objeto de un masivo ciberataque que ha atribuido a una potencia extranjera.

El subsecretario de Defensa, William Lynn, admitió en un artículo publicado en la revista «Foreign Affaires» (Asuntos Exteriores) que se trata del más grave ataque que ha sufrido hasta el presente la informática militar estadounidense. El incidente había sido considerado hasta ahora como reservado.

Según el relato de Lynn, un supuesto agente de los servicios de inteligencia de un país extranjero utilizó un programa para introducir virus en distintas computadoras, entre ellas las que usa el Mando Central del Pentágono para supervisar zonas de combate en Irak o Afganistán.

La introducción de un lápiz de memoria («pen drive») en un ordenador portátil ubicado en una base de Oriente Próximo creó una «brecha digital» apta para transferir información hacia servidores «bajo control extranjero». «Era uno de nuestros peores temores: un programa que opera en silencio, preparado para poner planes operativos en manos de un adversario desconocido», escribe Lynn.

El incidente se conoció por primera vez en noviembre de 2008 a través de un blog de la revista «Wired». El diario «Los Angeles Times» señaló que el asunto era lo bastante grave para que el entonces presidente Bush hubiese tenido que ser informado. El periódico incluso sugirió la implicación rusa en el ataque cibernético.

Lynn explica en su texto que la respuesta del Pentágono a la agresión se denominó «Buckshot Yankee» (Perdigón yanqui), y que la intromisión supuso «un punto de inflexión» en la estrategia de «ciberdefensa» de EE UU. Entre otras medidas, fue entonces cuando se prohibió el uso de memorias portátiles en los ordenadores oficiales, aunque posteriormente este veto fue retirado.

Sin embargo, todas estas preocupaciones no han impedido filtraciones como las de Wikileaks, que han puesto contra las cuerdas al Pentágono. De ellas, las más notorias fueron la grabación del asesinato de una docena de civiles iraquíes en 2007 desde un helicóptero «Apache» o la reciente publicación de 75.000 documentos secretos del Pentágono.

Lynn resalta la dificultad que supone proteger unas comunicaciones, las de los ejércitos de EE UU, basadas en 15.000 redes y siete millones de ordenadores repartidos por decenas de países. «Una decena de programadores informáticos puede, si encuentran una vulnerabilidad para explotar, amenazar la red logística global de Estados Unidos, robar sus planes operativos, cegar sus capacidades de Inteligencia o perjudicar su habilidad para desarrollar armas», expone. Contra estas amenazas, la Agencia de Seguridad Nacional ha desarrollado sistemas pioneros creados para detectar intrusos en el sistema en tiempo real, añade.

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