03 de abril de 2012
03.04.2012
 

Una epidemia que se ha cobrado varias cabezas de políticos en menos de un año

03.04.2012 | 05:34

Madrid / Oviedo

La dimisión por plagiario del presidente húngaro, Pal Schmitt, autor de una tesis doctoral sobre la historia de los Juegos Olímpicos en la que se le «olvidó» citar a numerosos autores de cuyas obras se sirvió, es el último eslabón de una epidemia que ha afectado con fuerza en el último año a la política europea.

El caso que tuvo mayor repercusión fue el del entonces ministro de Defensa alemán, Karl-Theodor zu Guttenberg, un aristócrata repeinado de 40 años. El germano que incluso soñaba con ser el sucesor de la canciller Merkel al frente de la CDU y del Gobierno de Berlín, se vio obligado a dimitir hace ahora un poco más de un año, el 1 de marzo de 2011, tras una batalla política que duró quince días y en la que defendió su supuesto honor mancillado con uñas y dientes.

Su doctorado plagiario, obtenido en Derecho por la Universidad de Bayreuth, le obligó no sólo a dimitir como ministro sino también a abandonar su escaño parlamentario.

Guttenberg abrió una senda que pronto se reveló fructífera, gracias al denodado trabajo de cientos de internautas, determinados a encontrar más «copiones». Los esforzados investigadores sólo tardaron dos meses en encontrar un nuevo especimen de político plagiario. Fue la vicepresidenta del Parlamento europeo, Silvana Koch-Mehrin, que también picaba alto, a sus 41 años, en su partido, el de los liberales alemanes.

Koch-Mehrin se había doctorado por Heidelberg en 2000 con un trabajo de Historia Económica y se vio obligada a dar por terminada su carrera política el 11 de mayo de 2011.

El tercer eslabón de la cadena apareció en Francia y fue la ex secretaria de Estado Rama Yade. En este caso no se trataba de una tesis sino de un libro en venta en librerías, «Defensa de la educación pública», que al parecer era un simple corta y pega de artículos de diarios y columnas de opinión.

Yade, de 35 años, sostuvo que gozaba de autorización para citar con toda libertad, ya que, explicó, su libro iba acompañado de una bibliografía especialmente copiosa. Sin embargo, parece ser que su olvido a la hora de colocar las preceptivas comillas se cebó en particular con la obra de un profesor de Filosofía que no dio por buenas sus excusas.

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